ILMO. SR. D. EDUARDO CARRETERO MARTÍN

Medalla letra E. Elegido el 2 de abril de 2009. Ingresó el 19 de mayo de 2010.


(Granada, 1920). Escultor. Inicia su formación artística en su ciudad natal. Pensionado por el Ayuntamiento en 1946 y premiado por la Universidad de Granada por la decoración escultórica del Colegio Mayor, Isabel la Católica, participó en la Bienal Hispanoamericana de Arte de 1941. Más tarde mostró su obra en el Ateneo de Madrid, exponiendo en 1955 en la Sala Tau de la misma ciudad. Entre sus obras más destacadas está la decoración escultórica de la Iglesia de San Francisco Javier en Pamplona. Su obra escultórica está repartida por ciudades como Granada, Badajoz, Jaén, Salamanca, Lérida, Almería, Talavera, Madrid (Instituto Nacional de Colonización).
Bibliografía: ARÓSTEGUI, Antonio y LÓPEZ RUIZ, Antonio. 60 años de arte granadino. M. R. R.
Diccionario de Pintores y Escultores del Siglo XX. Editorial Forum Artis, S.A. 1994.

NOTAS BIOGRÁFICAS
D. José Arcadio Roda Murillo

Eduardo Carretero nace el 13 de Enero de 1920 en la ciudad de Granada y desde corta edad comienza a decantarse por todo lo relacionado con el arte, con ese convencimiento que podríamos denominar genético, debido a la escasa relación que tenía la familia con el mundo artístico y a la vez, por su precocidad. Comienza su peregrinaje por los talleres de varios escultores granadinos de renombre, como Molina de Haro o Pablo Loyzaga y entra en la escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos. Nada más finalizar sus estudios, en 1946, consigue una beca del Ayuntamiento y comienza a trabajar con el arquitecto J. Luis Fernández del Amo, que tras la guerra era encargado de lo que se denominaba “regiones devastadas”, siendo un hecho fundamental en la vida de Eduardo Carretero, surgiéndole gran cantidad de encargos.
En 1947 realizaría su primera obra de carácter monumental consiguiendo, mediante un concurso celebrado en Granada, una dotación económica para la realización de cuatro esculturas, representando a los evangelistas, en piedra de Bogarre, para el Colegio Mayor Isabel la Católica de Granada. Tras la realización de esta obra marcha a Madrid siguiendo los pasos de su amigo el gran pintor granadino Antonio Martínez Valdivieso.
Este podemos decir que sería el punto de partida en la vida artística de este escultor, fijando su residencia en esta ciudad y teniendo gran relación con artistas de la talla de José Guerrero, Manuel Rivera, Bernardo Olmedo o Jorge Oteiza, comenzando un periplo de numerosas exposiciones y encargos monumentales, muchos de estos últimos en colaboración con afamados arquitectos de la época como Miguel de Gortari, José Tamés, Cavestani…, reflejada en los trabajos de decoración de la Iglesia de los Nuevos Poblados del I.N.C. (1949), La Virgen del Pájaro, con destino al colegio de Santiago Apóstol de Salamanca (1949), un retablo para el poblado de Guadiana del Caudillo (1950), los relieves del antiguo edificio HUARTE (1956), el altar mayor de la Universidad Laboral de Córdoba (1957), Monumento a Sarasate (1958), la decoración escultórica de la Nunciatura de Pamplona (1960), la realización de la Fuente de los Peregrinos de Roncesvalles (1961)…

Mención especial merece el conjunto escultórico de la Iglesia de San Francisco Javier (1952), una de sus obras mas importantes, formada por dos retablos en madera de 4 x 3 m. representando, uno la Purísima Concepción enmarcada por símbolos de la letanía y el otro a San José y el niño; cuatro esculturas de los evangelistas, de 4 m. de altura, en madera; un San Ignacio de Loyola en piedra de 8 m., y el grupo de San Francisco Javier de 4,5 m. de altura, obras todas ellas de gran calidad y que fueron alabadas por los medios de comunicación de la época como podemos apreciar en el Diario de Navarra del martes 2 de Diciembre de 1952, en la página 8, en una entrevista con el párroco de la iglesia anta la nueva parroquia, escrita por Baldomero Barón.

También en la página 14 del diario Arriba España, con fecha del miércoles 3 de Diciembre de 1952, de la mano de José Luis Ollo y con el titular “Anchurosa, Bella, Digna, casi como un milagro surgió la parroquia de San Francisco Javier”. Artículo en el que se nos describe el trabajo de este escultor como obras exquisitas de acabado audaz y vivo color, destacando la figura de San Javier por su inusual aspecto viril y recio propio de un mozo navarro.
Dentro de las exposiciones que mayor reflejo tuvieron en la prensa, cabría destacar la celebrada en la Sala del Prado, del Ateneo de Madrid, en 1960, con el artículo de Luis Figuerola Ferreti en el diario ARRIBA; la exposición “Escultores Españoles Contemporáneos en la Feria de Nueva York”, de 1964; la exposición en el Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga, en artículos de Manuel Orozco (Diario SUR y PATRIA), del año1970; la de la Sala Santa Catalina, del Ateneo de Madrid con catálogo de Caballero Bonald, amigo del escultor, reflejada en el periódico INSULA y en la revista de arte GOYA; así como las Jornadas Granadinas organizadas por la UNESCO en París.
Como últimos monumentos podemos destacar el realizado al Padre Llanos, a Rafael Alberti o al escritor Gabriel Celaya para Leganés. Dentro de la vasta obra de Eduardo Carretero, habría que destacar una innumerable cantidad de retratos, así como de obra de carácter religioso.

Pero la vertiente más importante en la obra de este escultor, como hemos podido apreciar, es la monumental, de la que podríamos estar hablando horas debido a la cantidad y a la libertad con la que las aborda. Ajeno a los inconvenientes del material, Carretero proyecta la gran mayoría de las obras de este tipo, en el material más puramente escultórico, como llega a afirmar en alguna entrevista, como es la piedra. La piedra es, sin lugar a dudas, el material en donde nuestro escultor se va a encontrar más cómodo y en el que parece asimilar de forma intuitiva la esencia de la propia materia, sin reparar en los grandes inconvenientes que ofrece trabajar, con dicho material en grandes dimensiones, como todos sabemos. Al margen de este material como es la piedra, Carretero ha plasmado igualmente obras en bronce, madera y hormigón, mostradas en las numerosas exposiciones en las que ha participado; y con la misma libertad que caracteriza dicha obra monumental. Obra exhibida en todo tipo de eventos que desde 1963, año en el que le es otorgada la beca de la fundación Juan March, se irán sucediendo encontrándonos ante uno de los escultores más interesantes que ha participado en los eventos artísticos más importantes a nivel nacional e internacional.
El arte en Eduardo Carretero surge con la sinceridad de la intuición, como en los grandes escultores, sorprendiéndonos por la diversidad morfológica que parece haber sido dictada por la propia materia.
Ante la obra de este escultor se comprende que el arte surge de la forma más natural, ajena a filosofías rebuscadas y sólo se necesita esa sensibilidad especial para encontrar esa verdad y mostrarla de forma limpia, despojándola de todo lo accesorio. La libertad, como vemos en este escultor, hace que la obra adquiera personalidad por sí misma, dándonos la impresión de que la forma estaba implícita en la materia desde su génesis, como ya expusiera Miguel Ángel.