In memoriam. Emilio de Santiago Simón.

Con la llegada de un Octubre calido y soleado -aciago sin embargo, para sus amigos- se nos ha ido Emilio.

Emilio de Santiago, el ilustre arabista granadino, discípulo predilecto de D. Emilio García Gómez, tuvo la fortuna de nacer en la ciudad de Granada, en tan señalada fecha como el día de la Navidad, cuando corría el año del Señor de 1946 y esa condición de granadino marcó su vida, pues si militó en algo a lo largo de su amplia y fructífera existencia fue en su granadinismo total, que con él comparto.             Posteriormente después de realizar el bachillerato en el colegio de Maristas granadino, profesar en nuestra Universidad y en su Facultad de Letras, donde se especializo en el mundo árabe, completaría su formación durante una larga estancia en la universidad parisina de la Sorbona.

Emilio llegó a ser, un sabio; así sin más, en toda la extensión de la palabra. Provisto de una inteligencia rápida, de una memoria portentosa y lo que es mas importante, de una sensibilidad fuera de todo lo usual, su territorio de trabajo intelectual y vital, se instaló en un amor a una cultura y a su civilización correspondiente -si seguimos a Lewis Munford- que constituye lo que podíamos llamar sin equivocarnos, “el mundo árabe”: su filosofía , su arte, su sentido de la vida, sus costumbres, su religión, etc, de todo ello explicó a sus alumnos como Profesor Titular de la Universidad granadina, desplegando hasta crear fascinación a su auditorio, el inmenso elenco de su sabiduría, aderezada por su conocimiento de las lenguas extranjeras –hablaba además del árabe, el ingles y el francés de modo fluido- lo que conllevaba una inmensa capacidad de comunicación, que aderezaba su inmensa generosidad para mostrar su capacidad didáctica y sus amplios saberes, como gran conversador –siempre con un “tantico” de ironía, como él decía-  a los que a él nos acercábamos, por amistad y admiración.

Tomé contacto con él hace ya muchos años, cuando yo comencé mis publicaciones sobre investigación en las Casa Reales de la Alhambra. ¡La Alhambra era “su casa”, su morada, su mundo; el objeto y a su vez el objeto, de su amor total. Se podría decir sin temor a equivocación, que las Casas Reales eran, “un universo”, para él.¡

Le envié mi texto, publicado en un librito colectivo de mi grupo de investigación, y me llamó a mi despacho, en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura y tras una conversación amplia y amable -por demás inteligente- donde me hizo un par de observaciones mas que atinadas, me espetó: Ahora¡ que ya eres un hijo de la Alhambra, sumérgete en Ella y observa.¡ Esa frase suya, dicha así al desgaire y con entusiasmo, ¡me ha marcado el resto de mis años de investigación en el monumento¡. A partir de ahí, pasamos de conocidos a amigos, así con mayúsculas.

Compartimos trabajo en la Real Academia de Bellas Artes y le he consultado, mil detalles sobre la Alhambra y sobre Granada, porque lo sabía todo y su criterio era para mi, supremo, sin discusión posible. Cuando estaba algo melancólico y la melancolía es estado propio de los granadinos hasta el tuétano, como él lo era, me llamaba y me hablaba en inglés, sabedor de mi britanofilia, para seguidamente hacer gala de su sentido del humor, ciertamente “british”.

¡Joaquinito, hazme caso, que soy tu hermano mayor¡, me decía cuando comúnmente charlábamos largo y tendido –por aquello de que me aventajaba en un par de meses en nuestras respectivas fechas de nacimiento- como unos pocos días antes de su repentino óbito, en que le llamé, para anunciarle mi visita a “su Isla”, -pues desde que contrariando la opinión de sus amigos, decidió pedir la prejubilación de la actividad docente- pues tanto real como metafóricamente denominaba a la cafetería de ese nombre, situada en la glorieta que culmina el final de la Av. del Emperador Carlos V, donde discurría una buena parte de sus mañanas, mientras repasaba la prensa y tomaba un café y allí le visitábamos los amigos para tener el placer de su conversación. También en un sentido metafórico, pues por aquello de su buscada soledad, nombraba así, a ese establecimiento; de paso le anuncié que le llevaría un ejemplar de mi último libro donde le citaba.

Le encontré a través del hilo telefónico, claro está, animado; me atrevería a decir que contento.

Una llamada a media mañana desde la Real Academia, me conmocionó. ¡Se me había ido Emilio.¡ Lo sentí como un mazazo; como si hubiera recibido súbitamente un golpe brutal en el mentón, que me dejo, desarbolado.

Ahora cuando lo he asumido, puedo escribir este texto, que siento que le debo, como contribución a la memoria de quien es mi amigo y a quien admiro.

Descansa en paz amigo. Te echamos de menos.

joaquin casado de amezúa vázquez

Ilmo. Sr. D. Emilio de Santiago Simón, Medalla nº 6. Elegido el 7 de noviembre de 1996. Ingresó el 27 de noviembre de 1997. Discurso de ingreso: La Alhambra de Emilio García Gómez. Falleció el 27 de octubre de 2015.