15 octubre, 2018  / Autor: RABBAA

REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE GRANADA

LA PROTECCIÓN DE LOS ÓRGANOS HISTÓRICOS DE LA CIUDAD DE GRANADA

En los últimos meses, la supresión de varios conventos de comunidades religiosas en la ciudad de Granada ha puesto de manifiesto un grave problema que esta Real Academia no puede ignorar. La nueva situación comporta un riesgo grave para la conservación del Patrimonio Histórico ya que, al margen del abandono de los edificios monumentales que ocupan estas venerables comunidades, su marcha supone la posible venta, traslado y consiguiente dispersión de obras de arte y bienes culturales, no siempre inventariados y debidamente protegidos por nuestra legislación. Observamos esta situación, llenos de preocupación, con algunos órganos históricos, los cuales no siempre son percibidos por las personas o instituciones encargadas de su conservación, como verdaderos bienes culturales perfectamente equiparables a otros bienes muebles de indudable valor que son objeto de una mayor atención y seguimiento.

El caso de la posible venta y traslado a la ciudad de Sevilla del órgano del Convento de Santa Catalina de Siena del Realejo sirve de ejemplo para demostrar esta situación ya que, al encontrarse en un edificio que no está declarado Bien de Interés Cultural, no cuenta con el mayor grado de protección que establecen la Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español y la Ley 14/2007 del Patrimonio Histórico de Andalucía. De contarse con la anterior calificación, no cabe duda de que el órgano podría considerarse un elemento consustancial del edificio histórico de manera que no podría separarse del mismo teniendo en cuenta lo previsto, entre otros, en el artículo 27 de la Ley 16/19851 y en los artículos 27 y 44 de la Ley 14/20072. No obstante, aunque formalmente no exista tal declaración administrativa, no nos encontramos por ello ante un edificio desprotegido ya que se encuentra catalogado al incluirse, como exponente de su Patrimonio Inmueble, en el Inventario General del Patrimonio Histórico de Andalucía. Incluso cabría aplicar, analógicamente y en términos puramente dialécticos, la


1 El artículo 27 de la Ley 16/1985, del Patrimonio Histórico Español, tras señalar que los bienes muebles integrantes del Patrimonio Histórico Español podrán ser declarados de interés cultural, añade que ten- drán tal consideración, en todo caso, los bienes muebles contenidos en un inmueble que haya sido objeto de dicha declaración y que ésta los reconozca como parte esencial de su historia.

2 El artículo 27 de la Ley 14/2007 del Patrimonio Histórico de Andalucía, referido genéricamente al Con- tenido de la inscripción de un Bien de Interés Cultural establece que en la inscripción de los bienes in- muebles de interés cultural deberán concretarse, tanto el bien objeto central de la protección como, en  su caso, el espacio que conforme su entorno. Seguidamente, el apartado segundo del mismo precepto se- ñala que, en la inscripción de dichos bienes inmuebles se harán constar, además, aquellos bienes mue- bles y las actividades de interés etnológico que por su íntima vinculación con el inmueble deban quedar adscritos al mismo, gozando de la consideración de Bien de Interés Cultural. Como complemento de lo anterior, el artículo 44 del mismo texto legal establece el régimen legal de los llamados Bienes muebles vinculados y señala lo siguiente: Los bienes muebles incluidos de forma expresa en la inscripción de un inmueble como Bien de Interés Cultural en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, con arreglo a lo previsto en el artículo 27, son inseparables del inmueble del que forman parte y, por tanto, su transmisión o enajenación sólo podrá realizarse conjuntamente con el mismo inmueble, salvo autori- zación expresa de la Consejería competente en materia de patrimonio histórico.

configuración del órgano como un elemento consustancial que debe seguir vinculado en todo caso con aquel espacio donde fue trasladado hace más de cien años.

Al margen de las anteriores consideraciones, hablamos de un instrumento de un indudable valor histórico, pues conserva el mueble y los tubos de fachada del que fuera el antiguo órgano barroco de la Capilla Real de Granada. Construido en 1738 por FRAY FRANCISCO ALEJO MUÑOZ y terminado por JOSÉ Y PEDRO FURRIEL, fue desmontado en la segunda mitad del XIX y adquirido por la comunidad dominica. El instrumento sufrió una profunda reforma en 1925, transformando la parte mecánica y musical, pero siguió conservando la caja, ricamente decorada, así como la tubería de fachada del órgano original. Todos estos elementos y muy especialmente su vinculación con la Capilla Real, justifican plenamente su conservación en el entorno actual, existiendo, siempre que fuera autorizado su traslado, numerosos emplazamientos en nuestra ciudad en los que podría reubicarse, debidamente restaurado, sin desligarlo de su pasado histórico de manera tan desafortunada. Desgraciadamente no se trata de un caso aislado, puesto que en similares circunstancias podrían encontrarse los órganos del Convento de San Bernardo, construido por MIGUEL GONZÁLEZ AURIOLES en 1835 o el del Convento de Nuestra Señora de los Ángeles. Urge por tanto tomar medidas para la protección de estos instrumentos, garantizando su conservación y permanencia dentro del importante conjunto patrimonial de los órganos históricos de Granada.

Ante esta situación, la Real Academia de Bellas Artes de Granada y especialmente su ACADEMIA INTERNACIONAL DE ÓRGANO plantea, en  primer  lugar,  la  necesidad  de promover por las autoridades culturales competentes la declaración como Bienes Muebles de Interés Cultural de los órganos históricos de nuestra ciudad, siguiendo los ejemplos ya existentes en otras Comunidades Autónomas. En segundo lugar, la Academia quisiera recordar que el Patrimonio Histórico es siempre un concepto relacionado con su entorno y con su función y el instrumento del que hablamos se vincula directamente con un monumento tan señalado y esencial para comprender nuestra historia como la Capilla Real. Esta especial relación exige, como es obvio y en la medida de lo posible, que no abandone la proximidad de aquel espacio histórico para el que fue inicialmente concebido. En tercer lugar, por último, la Academia quiere mostrar públicamente su disposición a contribuir a que pueda encontrarse alguna solución al problema, poniendo a disposición de entidades o iniciativas de mecenazgo que puedan surgir, su asesoramiento y apoyo en los términos que resulten de mayor eficacia conforme a lo establecido en sus Estatutos.

En Granada, Palacio de La Madraza, 11 de octubre de 2018

EL PLENO DE LA REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE GRANADA

Apertura del Curso Académico 2018-2019

4 octubre, 2018  / Autor: RABBAA

La Real Academia de Bellas Artes de Granada

tiene el honor de invitarle, al acto público y solemne de

Apertura del Curso Académico

que tendrá lugar el próximo lunes, uno de octubre de 2018,

a las 20.00 horas en la Sala de Cámara B del Auditorio Manuel de Falla.

Orden del Acto

Fanfare

Lectura de la Memoria del curso anterior por el Sr. Secretario General

Discurso de Apertura a cargo del Académico de Número Ilmo. Sr. don José Palomares Moral

La interpretación musical:

valor y reconocimiento en las profesiones docentes

Entrega de Medallas y Diplomas concedidos por la Corporación

Medallas a las Bellas Artes

Ángeles Agrela Romero

Ricardo Gallén García

Ricardo García Hernández

Medallas al Mérito

Blas Calero Ramos

Concurso de Piano de Linares “Marisa Montiel”

Juan Manuel Segura Bueno y Francisco Jiménez Rodríguez

Ofrenda Musical

Académicos: Traje académico y medalla. Duración estimada del acto: 80 minutos

Auditorio Manuel de Falla. Paseo de los Mártires s/n. 18009 Granada

Programa de la Ofrenda Musical

Ricardo Gallén

Guitarra


Johann Sebastian Bach (1685-1750)

*Preludio, Fuga y Allegro BWV 998

Manuel María Ponce (1882- 1948)

*Sonatina Meridional

Campo

Copla

Fiesta

Agustín Barrios (1885-1944)

*Valses op. 8 nos. 3 y 4

Guitarra Paco Santiago Marín

Cuerdas Knobloc


Para descargar el discurso del Ilmo. Sr. D. José Palomares Moral pulse aquí


GALERÍA DE IMÁGENES

4 septiembre, 2018  / Autor: RABBAA

Para descargar los programas de los conciertos pinche aquí

Medalla de Honor al guitarrista José Romero Gallego

20 junio, 2018  / Autor: RABBAA

Real Academia de Bellas Artes de Granada

Palabras para el Acto de Entrega de la Medalla de Honor de 2018

Excelentísimas e ilustrísimas autoridades, señoras y señores académicos, señoras y señores;

en una venturosa sesión celebrada en la tarde del pasado ocho de febrero, el Pleno de la Real Academia de Bellas Artes de Granada concedió de forma unánime la Medalla de Honor al guitarrista malagueño Pepe Romero. Nuestra Academia puso de manifiesto de forma inmediata que había querido resaltar con la concesión de su más alta distinción los valores extraordinarios, no solo musicales, que concurren en la persona de José Romero Gallego, nacido en Málaga en 1944 y verdadero referente a nivel mundial de la guitarra clásica española. Hijo del legendario guitarrista y compositor Celedonio Romero, quien fuera discípulo de Joaquín Turina y rindiera con su obra uno de los más altos tributos a la música española de todos los tiempos, la vida de este genial intérprete, desde que diera su primer concierto a los siete años en el Teatro Lope de Vega de Sevilla, ha venido marcada por el mayor reconocimiento de la crítica y por el continuo agradecimiento de un público entregado y entusiasta. Afincado desde su adolescencia en Estados Unidos, ha sido y ejerce como profesor de guitarra española en varias universidades norteamericanas, habiendo recibido numerosas distinciones como merecido premio a su admirable labor.

Esta Academia de Bellas Artes, al hacer pública su decisión, también quiso recordar su profunda vinculación con nuestra ciudad, casi una forma de civil devoción secular que viene arrastrando su familia desde tiempo inmemorial. También con algunos compositores granadinos que han encontrado en sus manos la generosidad de un intérprete deslumbrante, de una luminosa figura que ha sido capaz de abrir nuevos senderos para conjugar, de forma completamente magistral y como atributo esencial de su manera de entender la música, el virtuosismo y la sencillez en una feliz conjugación que lo impulsa continuamente a la incesante búsqueda de la belleza a través de la verdad.

Creo que muchos académicos siempre fuimos conscientes de la especial importancia de este reconocimiento porque, al hacerlo, también quería rendir nuestra Corporación, en un gesto de gratitud, un sencillo homenaje añadido a su padre, Celedonio Romero, quien trasladó a sus hijos, todos ellos grandes artistas, el entusiasmo que requiere contraer un compromiso suficiente en beneficio de la música y de la cultura españolas. Todos sabemos que el nombre de Celedonio Romero está esculpido en los muros de nuestra más alta tradición musical y esta misma noche, por gentileza de su hijo, podremos disfrutar de su bellísima Suite Andaluza pero, al margen de esta reconocida epigrafía del talento, el suyo es un nombre esencial en nuestra cultura que debieran conocer los escolares de nuestro país y que tendría que estar mucho más presente en la memoria cultural de todos los granadinos, andaluces y españoles.

Quien tiene el inmenso honor de dirigirles estas palabras carece de conocimientos musicales para intentar glosar, ni siquiera de forma aproximada, las numerosas virtudes que adornan la inabarcable trayectoria profesional de nuestro guitarrista. No soy más que un sincero y agradecido admirador que he disfrutado tanto con la música que interpreta, que solo podría sostener, una vez más, mi aplauso. Pero he tenido la suerte de escuchar también sus palabras, de observar sus gestos, de atender algunas explicaciones sobre su oficio, de ver como se relaciona con los demás en sus frecuentes visitas a nuestra ciudad, de oírlo evocar anécdotas de la pequeña mitología familiar, de personalidades mundialmente famosas ante las que actuó y a las que tuvo la fortuna de tratar, de grandes intérpretes o compositores a los que llegó, incluso, en algún caso, a querer. Haber compartido alguna vez sus recuerdos me ha permitido disfrutar de una impagable experiencia que le agradezco y que me permite asegurarles que podríamos, sin temor a incurrir en exageración alguna, aplicar a Pepe Romero aquella frase memorable que el gran Thomas Sterms Eliot aplicó a su amigo Igor Stravinski cuando, cuando después de una extensa charla recordándolo, le comentó al poeta Iorgos Seferis, que el genial compositor ruso era tan sumamente inteligente que carecía de vanidad.

Hemos recordado a su padre, pero podríamos recordar a sus hermanos y sobrinos, todos ellos grandes artistas, que han ido integrando, en su compañía, el cuarteto de guitarra española Los Romeros, una invención familiar que puede considerarse un hito en los anales de la interpretación musical. Y podríamos seguir con sus hijos y con sus nietos siempre vinculados, de un modo u otro, con la pasión por la música y la guitarra.

Dicen que la mejor madera para construir una guitarra es justamente la de aquel árbol, normalmente un ciprés, que más ha sufrido. Esta madera tiene sus anillos más estrechos y ha sentido con una cruel firmeza la falta de agua clara y abundante. El espíritu de Pepe Romero, paradójicamente, quizá para equilibrar su profunda unión con la guitarra, opera de una manera completamente inversa. Su vida es una vida de sacrificio pero llena de plenitud y satisfacciones, de éxito y del sincero aprecio y cariño de quienes le admiran y rodean. Soy la rama de un árbol, nos ha dicho, que es mi familia. Donde yo estoy, están mis padres, mis hijos, mis hermanos o mis sobrinos, todos juntos celebrando el goce de la música. Esta bellísima percepción es propia de quien recorre el mundo en un paciente tránsito de ida y vuelta que dulcifica el carácter. Se trata de una costumbre familiar que le viene de lejos. Su padre nació en Cuba porque su abuelo acudió a la ciudad de Cienfuegos con el encargo de construir, como arquitecto, uno de los más bellos edificios de la isla, el imponente Teatro Thomas Terry. Las vicisitudes de la fortuna y alguna tragedia familiar, determinaron que a los cinco años Celedonio Romero volviera hasta los Montes de Málaga para vivir y acabar encontrando, siendo casi un niño, a una mujer excepcional, Angelita Gallego, que se convertiría en su esposa. Es en este ir y venir de la familia cruzando venturosamente el océano donde quizá nace esa vocación de unidad, de persistencia, la conciencia de pertenecer a un árbol familiar que solo arraiga en el campo invisible del tiempo y de hacer de la nostalgia una sana costumbre que enriquece al alma en sus viajes terrenales. El árbol al que se refiere nuestro artista es el hogar y allí se baten las grandes batallas de la vida, allí están los cimientos del ser.

Un día, quizá a comienzos de los cincuenta del siglo pasado, Angelita Gallego le dijo a su hijo Pepe, quien acababa de cumplir siete años y no acudiría a la escuela hasta cumplidos los trece, que iba a continuar su esmerada educación enseñándole ortografía y que para ello harían cada día un dictado que luego corregirían y podrían comentar. Le compró unos cuadernos escolares y comenzó con el primer dictado. En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme … Y así, entre dictado y comentario, Pepe Romero estuvo escribiendo El Quijote hasta los doce o trece años y ello me permite considerar que ha sido este, entre todos sus méritos, el que nunca se le ha reconocido:  Probablemente, junto a Miguel de Cervantes, Pepe Romero es la única persona en el mundo que ha escrito El Quijote para comprender nuestro idioma. Lo que más me impresiona de esta deliciosa anécdota familiar no solo es la tenacidad y el amor por la literatura que transmite su madre, sino la docilidad del niño, su bondad, su ingenua paciencia, el cariño que rezuma toda esa andadura lenta y jugosa por el universo amargo que construyó la lucidez perdida del ingenioso hidalgo Alonso Quijano el bueno.

Esta y otras experiencias esenciales de Pepe Romero nos vuelven a demostrar que, como suelo repetir, el tiempo es circular. Tendemos a creer que el tiempo es un camino, una línea recta que nos lleva de un sitio a otro, que sube o que baja siendo el mismo como nos enseñó Heráclito. Pero no es así. El tiempo es un círculo invisible. Un círculo que, al cerrarse, se desprende del mundo para alcanzar la eternidad. Cada paso de nuestra vida nos aproxima y nos aleja a la vez del principio del que partimos y al que debemos, más tarde o más temprano, volver. Como nos recordó el mejor poeta del siglo XX, en mi principio está mi fin y en mi fin está mi principio. Ese círculo de vida, ese tiempo circular volverá a emerger esta noche en varias ocasiones cuando interprete nuestro invitado la música de su padre y lo haga en una guitarra construida por su hijo y por su nieto, lutieres referenciales en todo el mundo que cierran ese círculo mágico que lo envuelve en el acto, secreto y compartido a la vez, de hacerse música con el público que lo escucha, no de hacer música junto al público o para el público que tanto lo admira, sino con el público que sostiene el silencio.

Dicen que la música de otro gran maestro, de otro gran guitarrista y compositor, Leo Brouwer, necesita de un largo silencio cuando se acaba de oír. Con la música de Pepe Romero ocurre algo parecido porque antes de iniciarse, parece que necesitara encontrar el silencio. Encontrarlo para que reciba el aliento necesario y pueda nacer, medirse entre nosotros y volver finalmente hasta él mismo silencio del que partió. Solo los elegidos son capaces de comprender la importancia y el sentido del silencio en cualquier acto creativo del ingenio humano. Hoy tenemos la suerte de compartir esta velada con un espíritu que puede atisbar esa fuerza y esa misteriosa energía. No es esta una forma de hablar. El gran compositor Lorenzo Palomo ha dicho que escribió su maravillosa suite Nocturnos de Andalucía para el mejor guitarrista del mundo, para Pepe Romero y añadió que el sonido que brota de sus manos parece terciopelo.

Disfrutemos de su música y agradezcámosle públicamente que haya tenido la gentileza de aceptar nuestra Medalla de Honor y de traer su guitarra para compartirla con nosotros. Muchas gracias.

Granada, 18 de junio de 2018

Jesús Mª García Calderón

Director de la RABA de Granada


Real Academia de Bellas Artes de Granada

Agradecimiento en el Acto de Entrega de la Medalla de Honor de 2018

Excelentísimo Sr. Director, dignísimas autoridades, señoras y señores académicos, señoras y señores;

Permítanme que agradezca de todo corazón y en primer lugar, la concesión de esta Medalla de Honor que ya forma parte de mi más íntimo equipaje sentimental. Dicha esta verdad, hoy les quiero hablar, solo un poco, de mi infancia, del principio de mi vocación y de mi amor por la Música y la Guitarra. Nací en Málaga en 1944. Mis padres, Celedonio y Angelita, ya habían tenido a mi hermano Celín, nacido en 1936. Mi padre era ya un gran músico y guitarrista, mi madre una gran amante de la literatura y mi hermano Celín otro extraordinario guitarrista. En 1946 nació mi hermano Ángel, también guitarrista. Mis primeros recuerdos me llevan hasta la hermosísima Música que salía de la guitarra y las manos de mi padre y ver que mi hermano Celín también tocaba ya maravillosamente. Me fascinaba ver las clases de solfeo que mi padre le daba a Celín y sus palabras: Celincito, hay que medir el tiempo.

Cuando yo tenía unos 3 años, una tarde sentí gran dolor en mi espalda y caderas y quedé imposibilitado para andar. El médico de la familia me diagnosticó una poliomielitis. Doy gracias a Dios por este episodio en mi vida, pues lo que recuerdo ahora es el alivio que sentí escuchando a mi padre tocar y cómo preguntaba mi opinión acerca de si me gustaba más una frase tocada de una manera ó de otra. Una digitación en una cuerda o la misma frase en otra cuerda. De esta forma, sin que yo lo supiera, me estaba enseñando la magia y el embrujo de la Guitarra. Mi madre me contaba cuentos usando su gran conocimiento literario y mi hermano Celín me entretenía con toda la dulzura del mundo. No recuerdo cuanto duró esta etapa, pero tal como vino se fue. Quedé totalmente sano.

Esta memoria de amor y Música que recibí desde niño ha permanecido en mí durante toda mi vida. Desde entonces fui guiado por la Música y la magia que salía de la guitarra de mi padre con ese amor que brotaba de su alma y se encendía en sus manos.  Esto fue y sigue siendo la luz que me guía por el gran laberinto del arte. Todo lo que he podido lograr en mi carrera de músico y guitarrista, ha sido el resultado de muchísimas circunstancias maravillosas que han bendecido y han guiado mi alma.

Mi madre me enseñó a amar la literatura y comprender la fuerza y grandeza de la palabra. La vida es sueño y Don Quijote de la Mancha impactaron mi vida marcando mi deseo de comprender tres misterios: Lo que es la vida, la Música y la Guitarra. Después de muchos años pienso y siento que todo es amor. Recuerdo que cuando tenía 7 años toqué mi primer recital junto con mi padre. Recuerdo que estudié con él Granada de Albéniz, el Capricho Árabe y Recuerdos de la Alhambra de Tárrega y que el tocó Torre Bermeja de Albéniz. Estas músicas tenían para mí algo muy especial. Por esa misma época leí Los orientales de José Zorrilla; Corriendo van por la vega, A las puertas de Granada y Dueña de la negra toca. Después vine por primera vez a Granada y sentí una verdadera explosión de sentimientos. Cuando vi La Alhambra también sentí una inmensa admiración por todos aquellos compositores y poetas que supieron capturar con su arte la magia y misterio de esta ciudad. Esto me hizo ver todo lo que mi padre transmitía a través de estas obras, comprobar la magia que guardaba su guitarra para conseguir que los públicos de otras tierras sintieran y vivieran ese mismo misterio. Y quedé enamorado de Granada para siempre.

Nuestra casas, primero en Málaga y después en Sevilla, eran siempre frecuentadas por muchos amigos. Grandes pintores, escritores, poetas, intérpretes de diversos instrumentos, cantantes o compositores nos visitaban asiduamente y con todos ellos pude compartir y disfrutar la inmensidad de la Música. No puedo olvidar a mis hermanos, con quienes comparto la pasión por la guitarra y la creación de nuestro cuarteto de guitarras. Y naturalmente, mis sobrinos con los que el año que viene celebraremos 60 años desde el nacimiento del Cuarteto de Guitarras Los Romero. Además, mi hijo Pepe y mi nieto Bernardo han incrementado esta pasión familiar por la Guitarra, convirtiéndose en sublimes guitarreros.

Siempre recuerdo a mi padre hablar de las ondas sonoras. En su última conversación conmigo, poco antes de morir, me dijo: Cuando tú naciste yo te recibí con mi guitarra y fueron las ondas sonoras llenas de amor las que arroparon tu cuerpo y tu llegada a este mundo. Esta noche quiero que sean las tuyas las que acompañen a mi alma a subir al cielo. Allí en las estrellas os estaré esperando para seguir tocando juntos, siempre tocando. Mientras estrechaba mi mano, fundidos en un abrazo, con su último aliento, dijo casi inaudible: La guitarra. Así lo hice y después, junto a su cuerpo, mis hermanos, sus nietos y yo tocamos durante largo tiempo.

La descripción de mi padre sobre la Música como ondas sonoras y sus palabras hay que medir el tiempo, causaron en mí una impresión muy fuerte y han sido una constante fuente de meditación sobre la Música como una manifestación de la creación y la vida. La Música es la unión de los sonidos con el tiempo. Sonido que sale del silencio y tiempo que brota de la vida desde que el sonido rompe el silencio y se disuelve otra vez en el. El sonido y el tiempo son la materialización del silencio y la eternidad, lo que no tiene principio ni fin, pero que perduran en la inmortalidad.

En la búsqueda de servir a la Música, he encontrado la fuerza de trabajar con afán e inagotable energía. Mi creencia que Dios no nos pone retos sin tener a nuestro alcance la solución de ellos me ha dotado con la paciencia que tan necesaria es para poder superarse. En la búsqueda del virtuosismo , no olvidemos que hay que ponerlo al servicio de la Música para que abra los caminos y la Música fluya a través del intérprete. El virtuosismo como fin propio sólo multiplica nuestro egoísmo. Quiero despedirme con un breve consejo a los jóvenes artistas: la intención del artista es más importante que el resultado. La mía ha sido siempre glorificar a Dios y dar consuelo y alegría a la humanidad.

Muchas gracias.

José Romero Gallego, Pepe Romero

Granada, 18 de junio de 2018.


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