RECEPCIÓN ACADÉMICA DEL ILMO. SR. D. CARMELO TRENADO TORMO

28 marzo, 2012  / Autor: RABBAA

Día 15 de marzo, a las 19:30 h.

Paraninfo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada


El pasado 15 de marzo, a las 7,30 de la tarde, se celebró en el Paraninfo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada el solemne acto de ingreso del Académico electo Ilmo. Sr. D. Carmelo Trenado Tormo, quien leyó el discurso REFLEXIONES. En nombre de la Corporación le contestó el Ilmo. Sr. D. Domingo Sánchez-Mesa Martín.

Presidió la Sesión el Sr. Director de la Academia, Excmo. Sr. D. José García Román, acompañado en la mesa por el Académico Censor, Excmo. Sr. D. Jesús Mª García Calderón -por ausencia del Vicedirector-, y el Académico Secretario General, Ilmo. Sr. D. Francisco González Pastor.  Asistieron en el estrado los Académicos Ilmos. Señores D. Domingo Sánchez-Mesa Martín, D. Manuel del Moral Hidalgo, D. Miguel Viribay Abad, D. Carmelo Trenado Tormo, D. Jesús Conde Ayala, D. Miguel Giménez Yanguas, D. Antonio Martínez Ferrol, D. Miguel Olmedo Benítez, D. Juan Antonio Corredor Martínez, D. José Antonio Castro Vílchez, D. Joaquín Casado de Amezúa Vázquez, D. Miguel Barranco López, D. Ramiro Megías López y D. Javier Herreros Díaz.

En las primeras filas de la sala estaban situados los Académicos Ilmos. Sres. D. Miguel Rodríguez-Acosta, D. Miguel Moreno Romera, D. Francisco Lagares Prieto, la familia del Sr. Trenado Tormo, los familiares del los Sres. Académicos y personalidades.

Tras la lectura del acta por el Académico Secretario General, Ilmo. Sr. D. Francisco González Pastor, los Académicos introductores Ilmos. Sres. D. Manuel del Moral Hidalgo y D. Miguel Viribay Abad acompañaron al estrado al Académico electo, que entró en el Paraninfo con los acordes de la Fanfare, música oficial de la Academia.

Leídos el discurso y la contestación, el nuevo Académico se acercó a la mesa presidencial para prestar juramento ante la Biblia y la Constitución Española, recibir el ejemplar de los Estatutos de la Academia y el Diploma acreditativo, y serle impuesta, en nombre de S. M. el Rey, la Medalla nº 34.

D. José García Román, Director de la Academia, dirigió al nuevo Académico unas palabras de bienvenida, que extractamos:

“A la sombra del mito de Prometeo me permito, Sr. Trenado, hacer una reflexión el día de su ingreso en la Academia. Le recuerdo que los que se consideran artistas deben tener  presente las veces que la antorcha de Prometeo se apaga –más de lo que se reconoce- continuamente en las manos honradas de tantos creadores. Acaba usted de manifestar en su discurso: “Soy un modesto y pertinaz trabajador de esto que hemos dado en llamar actividad creativa e investigadora”, lógicamente acosado por la incertidumbre, no podía ser de otra manera, compañera inseparable de quien pretende ampliar los horizontes de la creación artística. […]

Uno de los problemas que acosan a los artistas de hoy es el de la forma. Creo que parte de la crisis del arte de nuestros días, sobre todo el plástico, es que no acaba de descubrirse suficientemente la “intimidad de la forma”, la que sea. “Mi pintura no es una pintura, ¡es un sentimiento, una pasión!”, dice el maestro Frenhofer a Porbus, en el relato La obra maestra desconocida, de Balzac.

Es sabido que lo proteico tiene que ver con la actitud de cambiar frecuentemente de opiniones, afectos, formas… La forma es “un Proteo, más inasible y más fértil en recovecos que el Proteo de la fábula”, dice Balzac. Si a esto añadimos la lucha que significa la aceptación de los recursos propios ante una inmensidad, una ambición, unos anhelos preñados de esperanza, la humildad es la única puerta para entrar en el sancta sanctorum donde habita el alma del Arte. Transformarse en sus personajes, en sus colores, en sus sonidos, asumiendo sus opiniones, pintando, esculpiendo, componiendo, construyendo, creando pensamiento es el movimiento de una atmósfera agitada que conseguirá el milagro de la creación.

La Academia debe comprender y alentar afanes prometeicos y proteicos, actitudes fundamentales para ascender a la cumbre. Cada artista, cada ser que se siente llamado a aportar algo a la creación, tiene su propio diccionario, su propio vademécum. Savinio poseía su propia enciclopedia, Schopenhauer su propia historia de la filosofía.

La relatividad en nuestro mundo, señor Trenado, “modesto y pertinaz trabajador”, se impone cada vez, y de manera contundente en el mercado del arte, de la fama, de la gloria, de los valores bursátiles, de la mercadería. Por eso es necesario revisar conceptos y actitudes para no ser traicionados por señuelos de torpeza. A los dictadores del arte, […]hay que dejarlos hasta que su afonía consiga que de nuevo tome presencia el sosiego de un espíritu que ha de enfrentarse a las insinuantes y atractivas sirenas que habitan en zonas de la modernidad y de la tradición. Sirenas que todos hemos conocido, pues son listas como el hambre. […] Nuestro testimonio ha de salirse de un esquema pegado como imán a realidades contradictorias, a afanes que queremos negar, pero que nos poseen: dinero, fama, mutaciones de conveniencia. La Academia es, o debe ser, casa de Sapientia, Libertas, Venustas. Es nuestro ideario que cada día nos invita a escalar estas tres cimas difíciles, la cima de la sabiduría, la cima de la libertad y la cima de la belleza. Ahí está el atractivo de nuestra aventura, nuestro lábaro, nuestra hoja de ruta. Usted lo ha intentado en la obra que hoy obsequia a la Academia y a Granada el día de su ingreso. Deseo que sea voz y ejemplo para la posteridad. Una aventura que nos recuerda que la grandeza puede encontrarse en lo que todavía no hemos hecho.

Está usted en paz consigo mismo. Desde es actitud, me permito recordarle que somos como Ermitaños en el Monte Carmelo, en una aparente fácil ascensión, en una escalada sanjuanista en pos de la perfección mística. “Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada”. “Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes”. No descienda nunca de su Monte Carmelo.

Bienvenido a esta su casa. Y que sea por muchos años”.

Finalizó la Sesión académica con la interpretación de la Fanfare.

El nuevo Académico, había sido presentado por los señores Académicos D. Manuel del Moral Hidalgo, D. Miguel Viribay Abad y D. Francisco Lagares Prieto, y elegido en Junta General Extraordinaria del día 3 de marzo de 2011, para cubrir una plaza de la Sección de Pintura. La laudatio estuvo a cargo de D. Miguel Viribay Abad, quien comentó su brillante carrera de pintor.

En la sala estaban expuestas las obras donadas a la Academia por D. Carmelo Trenado, el tríptico Sin título y una fotografía.

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Recepción Académica del Ilmo. Sr. D. Javier Herreros Díaz

23 marzo, 2012  / Autor: RABBAA

Día 18 de enero, a las 19:30 h.

Paraninfo de la Facultad de Derecho

El pasado 18 de enero, a las 7,30 de la tarde, se celebró en el Paraninfo de la Facultad de Derecho de Granada el solemne acto de ingreso del Académico electo Ilmo. Sr. D. Javier Herreros Díaz, quien leyó el discurso LA INTERPRETACIÓN PIANÍSTICA Y SU MAGISTERIO. HERENCIAS Y EXPERIENCIAS. En nombre de la Corporación le contestó el Excmo. Sr. D. José García Román.

Presidió la Sesión el Sr. Director de la Academia, acompañado en la mesa por el Vicedirector, Excmo. Sr. D. Antonio Almagro Gorbea, el Académico Secretario General, Ilmo. Sr. D. Francisco González Pastor. Asistieron en el estrado los Académicos, Ilmos. Sres. D. José Palomares Moral, D. Ramiro Megías López en la 1ª fila. El Censor, Excmo. Sr. D. Jesús Mª García Calderón, el Conservador, D. Jesús Conde Ayala, el Bibliotecario, D. Miguel Giménez Yanguas, el Vicesecretario, D. Miguel Olmedo Benítez y D. Manuel del Moral Hidalgo en la 2ª fila, D. Juan Antonio Corredor Martínez, D. José Antonio Castro Vílchez, D. Miguel Viribay Abad y D. Miguel Barranco López en la 3ª fila.

En las primeras filas de la sala estaban situados la familia del Sr. Herreros Díaz, el Académico Correspondiente Sr. D. Francisco Martín Rosales, los familiares del los Sres. Académicos y personalidades.

Tras la lectura del acta por el Académico Secretario General, Ilmo. Sr. D. Francisco González Pastor, los Académicos introductores Ilmos. Sres. D. José Palomares Moral y D. Ramiro Megías López acompañaron al Académico electo, que entró al Paraninfo con los acordes de la Fanfare música oficial de la Academia.

Leídos el discurso y la contestación, el nuevo Académico se acercó a la mesa presidencial para prestar juramento ante la Biblia y la Constitución Española, recibir el Diploma acreditativo y el ejemplar de los Estatutos de la Academia y serle impuesta la Medalla nº 33, en nombre de S. M. el Rey.

D. José García Román, Director de la Academia, dirigió al nuevo Académico las siguientes palabras de bienvenida: Se refirió al “El artista como sufridor ejemplar”, reflexión de Susan Sontag, diciendo a renglón seguido que un Académico es, o debe ser, un sufridor ejemplar. “La angustia y desazón nos limitan y acobardan porque no nos convencemos de que somos poca cosa, aunque estallen los aplausos en las salas de conciertos más famosas del mundo. Basta conocer las biografías de tantos ídolos venerados. Les falla lo esencial: ser verdaderos intérpretes de la bonhomía, de la filantropía, de la honradez, de la generosidad. La egolatría tiene un eco eficaz y ejemplar en Fray Luis: ni envidiado ni envidioso”. Y añadió: “Interpretar lo luminoso es nuestro deber y no abundar en la mediocridad de los focos que nos ponen las circunstancias de la fama, de la soberbia de ridículos ícaros, porque creemos volar a modo de escalas sutiles por el teclado del Universo, olvidando que todo vuelve al reposo, y los armónicos al final mueren. Como nosotros”. Recordó a la pianista Doña Josefa Bustamante con las siguientes palabras: “Todavía la recuerdo sentados los dos en la mesa camilla, hablándome de Javier. Ella entró en la Academia, demasiado tarde, pero por la puerta grande: una gloria para nosotros. Veinticinco años después entra usted con el lábaro de la cátedra de la honradez: como profesor respetado, querido y temido (un hueso, como se decía antes), que lucha con denuedo por conseguir un equilibrio entre su vocación docente y concertística. Seguro que su piano será motivo de ánimos en tantos momentos de desilusión, que pronto percibirá”.

Concluyó su intervención con las siguientes palabras: “Permítame que le dé la primera lección como Director, y en nombre de la Corporación. Una lección breve, dificilísima de asimilar, de la mano de un intelectual entrañablemente contradictorio. Me refiero a Montaigne, quien recuerda lo siguiente: ‘La búsqueda de la gloria es la moneda más inútil, menos valiosa y más falsa que hay en circulación’. ¡Cuanta verdad encierra! El Académico debe serlo y parecerlo. Está usted avalado por una Corporación que lo ha votado.

Hoy la Academia se siente feliz pues tiene un nuevo hijo, es más fuerte, tiene más luz, más música. Es más joven. Trabaja el presente para que el futuro sea luminoso. Disfruta, Javier, esta noche con tu familia, con Moni, con tus hijos, con el recuerdo de Doña Pepita, de tus maestros.

Bienvenido a tu nuevo hogar, a la Sección de Música, a la Academia.

Bienvenido, compañero Javier”.

A continuación, el nuevo Académico ofreció un recital de Piano, interpretando el siguiente programa.

Frédéric CHOPIN (1810 – 1849)

Nocturno op. 62 nº 1 en Si M

Claude DEBUSSY (1862 – 1918)

La soirée dans Grenade

Manuel de FALLA (1876 – 1946)

Pour le tombeau de Claude Debussy

Fantasía Baetica

Finalizó la Sesión académica con la interpretación de la Fanfare.

El nuevo Académico, había sido presentado por los señores Académicos D. José García Román, D. José Palomares Moral y D. Francisco González Pastor, y elegido en Junta General Extraordinaria del día 3 de marzo de 2011, para cubrir una plaza de la Sección de Música. La laudatio estuvo a cargo de D. José Palomares Moral, quien comentó su brillante carrera de pianista.

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La centralización del ferrocarril en Granada. Sobre la nueva estación de Alta Velocidad

13 marzo, 2012  / Autor: RABBAA

Entre el variado Patrimonio Histórico con el que cuentan nuestras ciudades monumentales, muchas veces ignorado, está el de la ubicación de determinados servicios públicos y elementos funcionales que asisten a la vieja ciudad y que facilitan de este modo el cómodo acceso de los ciudadanos al disfrute de sus bienes culturales más significativos. Hoy sabemos que la Revolución Industrial y los movimientos de población que genera, inciden de forma sustancial sobre la estructura urbana vigente hasta la mitad del siglo XIX. Tuvo lugar a lo largo de este lento proceso el desplazamiento de la población hacia la periferia de las ciudades, y ello trajo como consecuencia una dilatación o ensanche de la vida ciudadana que alcanzaba nuevos horizontes no solo físicos o territoriales. Por otra parte, la aparición de nuevos medios colectivos de transporte motiva la implantación de nuevas infraestructuras que afectan de manera decisiva al devenir de la ciudad histórica.

La importancia de estas transformaciones que se van produciendo a lo largo del tiempo y que aún palpitan en la fértil memoria oral de las ciudades, da lugar a una paulatina centralización de determinados edificios, espacios e instalaciones que son proyectados como sede de grandes servicios públicos, actividades o funciones urbanas.

La mayor complejidad de la vida comercial y administrativa que en ese tiempo se produce, motiva el que se inserten en las tramas urbanas tradicionales un conjunto de emblemáticos edificios, generalmente institucionales y en algún caso privados que, con independencia de sus valores arquitectónicos, se sitúan en posiciones privilegiadas que garantizan una fácil comunicación con el resto de la ciudad y ocupan espacios muy significativos y de gran calidad ambiental. Un caso especialmente elocuente de este proceso es el de la ubicación de los servicios ferroviarios y su acceso.

En la segunda mitad del siglo XIX, cuando se produce el desarrollo del ferrocarril, sus constructores se encuentran con ciudades compactas y densificadas. Las estaciones, por ello, se ubican en la periferia pero siempre buscando una adecuada y directa comunicación con el ágora de la población. Es habitual que surjan en muchas ciudades españolas de la época, como ocurre en el caso de Granada, una Gran Vía que busca casi instintivamente la senda de los raíles o espléndidas arboledas que propician un largo paseo sombreado camino de la estación.

El posterior crecimiento urbano acabó convirtiendo esas iniciales ubicaciones periféricas, en zonas de tránsito frecuente y plenamente centralizadas. Esta centralización del ferrocarril se ha convertido, por tanto, en un patrimonio urbano de gran importancia al que ninguna ciudad europea bien gobernada quiere renunciar. Por eso, en las decisiones de planificación urbanística más afortunadas, se ha intentado salvaguardar y potenciar esta riqueza colectiva que facilita la movilidad de los ciudadanos, favorece la circulación viaria y se convierte en un elemento simbólico de la modernidad que no debemos perder.

No pueden descartarse, además, las posibilidades de integración arquitectónica de los viejos edificios ferroviarios en las nuevas estaciones o accesos y su aprovechamiento para diversos fines de manera rentable y siempre respetuosa con su verdadero valor. Nunca debemos olvidar que al establecer una valoración adecuada de ese importantísimo Patrimonio Histórico, la posición de centralidad que ocupan las viejas estaciones decimonónicas es uno de los factores decisivos que completan una venturosa suma de intereses sociales.

Lamentablemente, son muchos los peligros que acechan a esta riqueza monumental. No puede ocultarse que el Patrimonio Inmueble ferroviario, muchas veces consistente en amplios espacios no edificados en zonas de intensa densidad, precisamente por esa centralidad a la que nos referimos, genera no pocas tensiones urbanísticas. La razón es obvia: Pretender su intenso aprovechamiento material a corto plazo. Para ello se procura una inmediata urbanización que se justifica como fórmula de financiación de la modernización del sistema de comunicaciones.

Un caso muy preocupante es el de la Estación de Andaluces de la ciudad de Granada. No sólo cuenta con una ubicación verdaderamente privilegiada que la hace muy sensible, por la importancia del espacio que ocupa,  a este tipo de presiones. Constituye, además, el último vestigio del gran mirador lineal desde La Vega hacia la colina roja que en su día, antes de su muy desafortunada colmatación, constituyó el Camino de Ronda.

Esta Real Academia de Bellas Artes, a la vista de las noticias últimamente aparecidas –de manera un tanto apresurada– en los medios de comunicación locales, considera su deber llamar la atención sobre el grave perjuicio que supondría para nuestro Patrimonio Histórico el traslado de la actual Estación de Andaluces hasta posiciones muy alejadas de la ciudad. Hablamos de una decisión de dudosa funcionalidad y de incidencia económica negativa para la mayoría de usuarios. Por si fuera poco, se ubicaría la nueva estación en un edificio protegido de enorme interés arquitectónico y magnífico exponente de la llamada arqueología industrial, tan escasa en Andalucía, de forma que podría quedar completamente desvirtuado con el cambio de uso, todo ello con independencia del daño irreparable que tendría lugar para el disfrute del delicado paisaje de La Vega y para una correcta percepción de la ciudad.

La Academia recuerda que el panorama monumental de Granada podría ser en gran medida recuperado con una intervención respetuosa con los valores que han sido previamente descritos. La ciudad histórica y monumental considera conveniente ofrecer al viajero un exponente o muestra de su valor, comprendiendo el paisaje que la circunda y la transcendencia que guarda el camino que nos conduce hasta ella.

Como se ha señalado en el amplio debate suscitado en el último Pleno académico, celebrado el pasado 1 de marzo, la sociedad debería ser muy cauta en la aceptación de estas sorpresivas propuestas ya que pueden suponer, al margen de una inicial ventaja  que –a modo de señuelo– nos ofrecen, la pérdida irreparable de una serie de valores sociales que aseguran mejor nuestro futuro y que han sido acuñados por el buen juicio y mejor criterio de todos los granadinos que han entendido bien la alianza que deben trazar con la ciudad en la que conviven.

 

Dado en Granada, Palacio de la Madraza, a siete de marzo de 2012

El Pleno de la Academia de Bellas Artes de Granada

RECEPCIÓN ACADÉMICA DEL ILMO. SR. D. RAMIRO MEGÍAS LÓPEZ

27 enero, 2012  / Autor: RABBAA


Día 14 de diciembre, a las 19:30 h.

Paraninfo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada

El pasado 14 de diciembre, a las 7,30 de la tarde, se celebró en el Paraninfo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada el solemne acto de ingreso del Académico electo Ilmo. Sr. D. Ramiro Megías López, quien leyó el discurso LA MANO INTUITIVA (POÉTICA DE LA INTUICIÓN PLÁSTICA). En nombre de la Corporación le contestó el Ilmo. Sr. D. Domingo Sánchez-Mesa Martín.

Presidió la Sesión el Sr. Director de la Academia, acompañado en la mesa por el Académico Secretario General, Ilmo. Sr. D. Francisco González Pastor y el Conservador, Ilmo. Sr. D. Jesús Conde Ayala . Asistieron en el estrado los Académicos Ilmos Señores D. Domingo Sánchez-Mesa Martín, D. Juan Antonio Corredor Martínez, D. José Antonio Castro Vílchez, D. Ramiro Megías López, D. Manuel del Moral Hidalgo, D. Francisco Lagares Prieto, D. Joaquín Casado de Amezúa Vázquez, D. Miguel Barranco López y de la Real Academia de Sta. Isabel de Hungría asistió D. Salvador García Rodríguez.

En el estrado de las autoridades se encontraban el Ilmo. Sr. D. Miguel Fuentes del Olmo (Medalla de Oro de Andalucía y Académico de Sta. Isabel de Hungría) y la Ilma. Sra. Mª Francés Barrientos, Concejal Delegado de Relaciones Institucionales y Patrimonio.

En las primeras filas de la sala estaban situados la familia del Sr. Megías López, los familiares del los Sres. Académicos y personalidades.

Tras la lectura del acta por el Académico Secretario General, Ilmo. Sr. D. Francisco González Pastor, los Académicos introductores Ilmos. Sres. D. Juan Antonio Corredor Martínez y D. José Antonio Castro Vílchez acompañaron al estrado al Académico electo, que entró en el Paraninfo con los acordes de la Fanfare, música oficial de la Academia.

Leídos el discurso y la contestación, el nuevo Académico se acercó a la mesa presidencial para prestar juramento ante la Biblia y la Constitución Española, recibir el ejemplar de los Estatutos de la Academia y el Diploma acreditativo, y serle impuesta, en nombre de S. M. el Rey, la Medalla nº 32.

D. José García Román, Director de la Academia, dirigió al nuevo Académico las siguientes palabras de bienvenida:

“Cada vez que intervengo en público recuerdo aquella frase de Montaigne que decía que nadie está libre de decir estupideces; lo malo es decirlas con énfasis. No desea un servidor de ustedes pertenecer a estos últimos. Otra cuestión es que lo consiga. Solo cumplo con el deber de dar la bienvenida a nuestro nuevo compañero. Una bienvenida oficial pero desde el corazón.

Un nuevo ingreso es un gran gozo para la Academia, y mucho más si incrementa la  juventud de nuestra Institución, garantizando el futuro de la misma, como sucede con la toma de posesión de Don Ramiro.

Es sabido que el pensamiento es fruto del esfuerzo supremo y la declaración de fidelidad a la verdad. Quedarnos a medio camino es el miedo que nos acosa desde la responsabilidad de crear, pensar, dar testimonio. Es el pavor al fracaso en una tarea que desde el instinto más noble, desde la intuición más elevada se ha propuesto metas sublimes.

Gracias por el mensaje de su mensajero, que viene vestido de gran generosidad. […] Gracias por su pensamiento esculpido que hoy nos obsequia, que obsequia a Granada, y que será su legado testimonial académico cuando deje usted este mundo testimonio. La palabra del verdadero creador es su obra que por sí misma califica a su autor desnudándolo, al desnudarse cuando traslada su pensamiento creativo a la forma y arte deseados. Don Ramiro nos regala una escultura que siempre dará testimonio de amor a nuestra Academia, desde hoy su Academia, que con seguridad él va a defender, y también esculpir con el mismo amor y tesón que acomete la aventura escultórica.

Pero debo recordar en estos momentos que la mejor escultura es nuestra alma, la escultura de nuestra honra, pues todos, y más los Académicos, debemos ser escultores honrados.

Nos ha recordado el nuevo Académico que “No se puede ejercer dos oficios a la vez”. Es verdad. Dice Montaigne que “quien quiere estar en todas partes no está en ninguna”. Solo los genios pueden. […] La verdad es nuestro reto, nos dice Don Ramiro. Por eso debemos ser primero escultores de nuestra alma para poder ser escultores y creadores de verdad, y convertir el barro en ser humano. ¿A imagen de qué o de quién? Aquí me quedo. No respondo, lo dejo en el aire.

La verdad es la única capaz de elevar al artesano a la categoría de artista. No la crítica, por muy sabia e ilustrada que sea, ni mucho menos el mercado con su extraña cotización. Sólo uno mismo puede ‘ascender’. La asunción no es el fin del verdadero artista, sino la ascensión, por su propio poder, es decir, por el poder de su obra, de su pensamiento artístico, ajeno a los medios publicitarios y de imagen.

De todas formas, el misterio de esta verdad jamás será desvelado. No nos empeñemos. La modernidad, adopte las formas que adopte, solo se defiende en un pensamiento creativo honrado y audaz. Y mucho más en estos tiempos sobrados de palabra y faltos de probadas e indiscutibles obras ejemplares. Entiéndase esto en todos los aspectos de la vida, falta de talleres de escultores del alma.

La Academia maestra de modelado, debe modelarnos, y nos debemos dejar llevar por sus manos, por sus dedos, confiados en su mirada intuitiva y poética. La enalteceremos con nuestra propia escultura renovada, atractiva, más hermosa y ejemplar.

Bienvenido a su Casa, compañero Don Ramiro Megías”.

Finalizó la Sesión académica con la interpretación de la Fanfare.

El nuevo Académico, había sido presentado por los señores Académicos D. Juan Antonio Corredor Martínez, D. José Antonio Castro Vílchez y D. Miguel Barranco López, y elegido en Junta General Extraordinaria del día 3 de marzo de 2011, para cubrir una plaza de la Sección de Escultura. La laudatio estuvo a cargo de D. José Antonio Castro Vílchez, quien comentó su brillante carrera de escultor.

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