La Real Academia de Bellas Artes de “Nuestra Señora de las Angustias” de Granada y la “Academia Vocal de Granada” suscriben un convenio de colaboración

5 julio, 2017  / Autor: RABBAA

La Real Academia de Bellas Artes de “Nuestra Señora de las Angustias” de Granada y la “Academia Vocal de Granada” suscriben un convenio de colaboración

En el día de hoy, martes 4 de julio de 2017, ha sido formalizado un convenio entre la Real Academia de Bellas Artes y la Asociación Coral “Academia Vocal de Granada”, en atención a las finalidades estatutarias de la Real Academia, entre las que se encuentran la organización de conciertos, cursos, seminarios y otras actividades culturales, así como su atención a la publicación de estudios y escritos que contribuyan al conocimiento y difusión de las Artes.

El convenio ha sido suscrito por el Director de la Real Academia de Bellas Artes, Excmo. Sr. D. Jesús García Calderón y la Presidenta del grupo vocal Sra. Dª Lucía Quijano López, cuya vigencia se mantendrá “sine die”.

El objeto del acuerdo es establecer un marco de colaboración entre ambas instituciones que se concreta en la producción de diversas actividades musicales a lo largo del curso académico, entre las que se distinguen la celebración de conciertos monográficos, la edición de grabaciones audio o videográficas, la publicación de estudios, ensayos e investigaciones musicales, así como la celebración de sesiones de formación y especialización en torno a la interpretación y dirección de la música coral y vocal.

La “Academia Vocal de Granada” es un grupo coral de Granada de reciente creación que muestra su interés hacia la interpretación histórica de la música antigua, y el sábado día 8 hace su presentación en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, junto a La Danserye, en un concierto que tendrá lugar en el Monasterio de San Jerónimo a las 12 horas, bajo la dirección de Isaac Alonso de Molina, Profesor de Teoría y Praxis Interpretativa de la Música Renacentista en el Conservatorio de La Haya, en el que interpretarán la Missa Pro Defunctis a 8 voces de Mateo Romero y unos motetes del maestro de Capilla de la Catedral de Granada, Diego de Pontac.

XVI ACADEMIA INTERNACIONAL DE ÓRGANO

26 junio, 2017  / Autor: RABBAA

LA ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE GRANADA CONCEDE LAS MEDALLAS A LAS BELLAS ARTES Y AL MÉRITO DE 2017

5 junio, 2017  / Autor: RABBAA

REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE GRANADA


LA ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE GRANADA CONCEDE LAS MEDALLAS A LAS BELLAS ARTES Y AL MÉRITO DE 2017

Las Medallas a las Bellas Artes fueron creadas para premiar a las personas e instituciones que den testimonio sobresaliente en la promoción, difusión, investigación, desarrollo y defensa de las Bellas Artes en cualquiera de sus manifestaciones.

En cuanto a las Medallas al Mérito son un reconocimiento para artistas, asociaciones y entidades, al mismo tiempo que pretenden estimular su labor creativa y social, difusora y de defensa del Patrimonio Histórico Material o Inmaterial. En Junta General Extraordinaria, celebrada el pasado uno de junio, la Real Academia de Bellas Artes de Granada ha concedido las siguientes Medallas a las Bellas Artes y al Mérito.

Medalla a las Bellas Artes

Ginés Liébana Velasco

Con la concesión de esta Medalla, la Real Academia de Bellas Artes de Granada quiere rendir un sincero homenaje a la extensa trayectoria de tan singular, excepcional y polifacético artista, nacido en Torredonjimeno (Jaén) en 1921. Entre los reconocimientos otorgados a su obra, destaca la Medalla de Oro a las Bellas Artes que le fuera concedida en 2005. Fue designado Hijo Adoptivo de Córdoba en 2010 y le fue concedida igualmente, en 2012, la Medalla de Oro de la provincia. En 2011 le fue concedida la Medalla de Andalucía.

A finales de los años cuarenta, junto al poeta Pablo García Baena, fue el iniciador del grupo Cántico, una propuesta de inmenso valor cultural que es valorada en la actualidad como la primera avanzada de la poesía de posguerra andaluza, baluarte de libertad e independencia, una experiencia coral y multidisciplinar, en definitiva, que puede ser calificada desde distintos planos artísticos como un movimiento capital en la cultura española del siglo XX.

Resulta imposible condensar en unas pocas líneas su brillante trayectoria como dibujante, pintor, dramaturgo o poeta, limitándonos a resaltar su condición de artista completo que ha sido reiteradamente reconocida por la crítica más exigente; así como su envergadura personal como humanista comprometido con la verdad. Se ha puesto de manifiesto acertadamente que su pintura, quizá la faceta más elevada de su labor creativa, impregnada de un novedoso y sorprendente clasicismo, es mágica y simbólica, miniaturista, intensa y sensual y que constituye la mejor metáfora de la esencia y modo de ser y sentir andaluces.

Juan José Guarnido Ariza

Nacido en Granada en 1967, su infancia transcurre en Salobreña y desde muy niño su intensa pasión por el dibujo y la historieta se hace patente. Tenía cuatro años cuando participó en un concurso convocado por IDEAL Pinta y dibuja tu pueblo, en el que obtuvo un accésit, su primer reconocimiento público. Estudió Dibujo en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Granada. Colaboró con distintos fanzines y produjo trabajos para la editorial que en aquella época publicaba los cómics del sello Marvel en España, Cómics Forum. Debido al escaso desarrollo de la industria del cómic en España, se vio forzado a realizar diferentes trabajos. En 1990, abandonó Granada y se trasladó a Madrid, donde trabajó en series de televisión durante tres años. Ahí conoció a Juan Díaz Canales, con quien compartía la idea de crear cómics. En 1993, Guarnido consiguió un trabajo en Walt Disney Studios en Montreuil (Francia), por lo que se mudó a París, siendo el animador principal del leopardo Sabor en la película de Disney Tarzan. Tras abandonar el proyecto y entablar relaciones con Canales, entran en contacto con varias editoriales para acabar firmando con la editorial francesa Dargaud. En noviembre de 2000 publica Quelque part entre les ombres (Algún lugar entre las sombras). En 2013 gana dos de los prestigiosos Premios Eisner en la Convención Internacional de Comics de San Diego. El primero compartido con Juan Díaz Canales en la categoría de mejor edición norteamericana de material internacional por su trabajo en Silent Hell (El infierno, el silencio), cuarto episodio de la serie Blacksad. El segundo en solitario en la categoría de Mejor ilustrador/Artista multimedia.

Guillermo Pastrana Ocaña

Nace en Granada en 1983. Violonchelista de excepcionales cualidades técnicas,  inició sus estudios a los seis años de edad en su ciudad natal, en el seno del Real Conservatorio de Música Victoria Eugenia. En 1990, se traslada a Luxemburgo, país donde prosigue su formación con el maestro Jan Halsdorf, así como a Alemania, estudiando con el maestro Gustav Rivinius en la Hochschule für Musik Saar de Sarrebruck. Posteriormente, se perfecciona en la Hochschule für Musik de Basilea (Suiza) de la mano del prestigioso intérprete Ivan Monighetti. Asimismo, recibe clases magistrales de maestros tan célebres como Lluís Claret, Maria Kliegel o Wolfgang Boettcher. Desde que obtuviera en 2006 el Premio Especial del Jurado en la Aram Khachaturian International Competition, su labor ha sido reiteradamente reconocida con diversos galardones como el Premio El ojo crítico de Música Clásica, otorgado por Radio Nacional de España en 2014.

Francisco Javier Algarra López

Descubrió la fotografía mientras cursaba estudios de Medicina llevado por la tradición familiar, lo que le hizo cambiar de rumbo y completar sus estudios en la Facultad de Bellas Artes de Granada. Desde que en 1982 obtuviese una Beca Nacional de Artes Plásticas, ha expuesto su obra en muestras colectivas junto a grandes referentes de la fotografía en España y en muestras individuales presentadas en diversas ciudades de la península. Paralelamente, ha desarrollado su labor profesional sobre todo en el ámbito institucional, como fotógrafo del Ayuntamiento de Granada y en numerosos trabajos de carácter cultural. También ha trabajado como fotógrafo de prensa y para revistas culturales. Es particularmente relevante su obra de documentación e ilustración editorial. En definitiva, nos encontramos ante una sobresaliente trayectoria de cuatro décadas que respalda la actividad profesional y creativa de otro gran fotógrafo vinculado con nuestra ciudad.

Medallas al Mérito

CEIP Gómez Moreno

El Colegio de Educación Infantil y Primaria Gómez Moreno está ubicado en el barrio del Albaicín. Cuenta con tres unidades de Educación Infantil y otras siete de Educación Primaria, con un total de 185 alumnos y con un extraordinario arraigo en la memoria colectiva de nuestra ciudad. En los últimos años se ha consolidado como una Escuela Pública referencial que viene desarrollando sus funciones conjugando la implantación de nuevas tecnologías con una intensa y sostenida labor educativa. El nombre del centro que, en un principio se llamó Alcazaba Cadima, corresponde al gran historiador y arqueólogo granadino Manuel Gómez-Moreno Martínez.

La Real Academia de Bellas Artes de Granada ha venido observando la meritoria labor realizada por este emblemático centro para la concienciación de los escolares en el cuidado y conservación del Patrimonio Histórico, en el análisis de su responsabilidad como ciudadanos para su defensa y en la valoración integral, en definitiva, que merecen los bienes culturales y que es la que permite su pacífico y colectivo disfrute para sostener ese diálogo permanente con un legado impagable que debemos entregar a las generaciones futuras. Las actividades desarrolladas tienen suficiente rigor y un eminente sentido práctico, promoviendo la limpieza, siempre tutelada por las autoridades culturales, de espacios históricos degradados por continuos actos de vandalismo, denunciados desde hace años por esta Real Corporación, como el Arco de las Pesas, brillante ejemplo de arquitectura hispano musulmana construido en el siglo XII. No cabe duda de que la continua labor desarrollada en la defensa del legado cultural de Granada constituye un modelo a imitar en grandes espacios urbanos, tengan o no tanta significación histórica y merece un reconocimiento público como la concesión de esta Medalla al Mérito de nuestra Real Academia.

Juan Hidalgo del Moral

Pintor nacido en Fernán Núñez (Córdoba) en 1943. Inició su formación en la Escuela de Artes y Oficios Mateo Inurria, obteniendo el Premio Extraordinario y una Pensión de la Diputación de Córdoba para estudiar en la Escuela de San Fernando de Madrid, en donde se licencia y realiza cursos de restauración y pintura mural, siendo distinguido con la Beca de la Fundación Rodríguez-Acosta y el Premio de la Fundación Madrigal de la Real Academia de San Fernando. Catedrático de Dibujo. Director de la Escuela de Artes y Oficios de Córdoba (1984-1996). Pintor de fuerte personalidad creadora en la que combinan la expresividad del color y la maestría del dibujo, su obra ha sido considerada de indudable raíz española y sostenida sobre la idea modernidad del concepto plástico con el que se desarrolla. Académico Numerario  de la Real Academia de Córdoba, es una de las figuras más representativas de la pintura andaluza de nuestro tiempo. Está representado en distintos museos y entidades públicas.

Taller del Prado

Verdadero referente en la difusión y edición de obra gráfica en España, se cumplen treinta años de su creación con sede en la Calle del Prado nº 6 de Madrid. En sus primeros años cumplió una meritoria labor docente y, al quedar instalado en Gran Vía nº 16, pudo ampliar su actividad a la edición y difusión de obra gráfica moderna y contemporánea. Dirigido por el pintor giennense Francisco Molina Montero, galardonado con premios como el Blanca y Negro de pintura, el Taller participa en importantes ferias nacionales e internacionales dedicadas a obra gráfica, como es el caso de Estampa. Durante 2016 crea la edición de Graphic, convocatoria ampliada también durante el curso 2017. Igualmente participa en Gabinete, durante las dos ediciones celebradas en 2016 y 2017, contribuyendo en esta última con la aportación de una edición estampada de los Caprichos de Goya.

Luis Reyes Fernández

Nacido en Granada en 1955, es pintor, escultor y grabador. Profesor Titular de Grabado en la Escuela de Arte de Granada. Graduado en la especialidad de Dibujo Publicitario en 1974 por la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos. En aquellos años compagina sus estudios con su formación con reconocidos artistas como Nicolás Prados López, Miguel Moreno Romera o José García de Lomas. Obtiene en concurso la Pensión de Escultura concedida por el Ayuntamiento de Granada. En 1980 se traslada a Madrid donde continúa su formación de grabado en el Estudio Teo Dietrich Mann con artistas como Manolo Arcorlo, Luis García Ochoa, Antonio Zarco, Alcaín, etc. En 1983 se diploma en la Sección Pintura por la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Madrid. En 1989 comienza su labor docente como profesor de Diseño Gráfico en las Escuelas de Artes Plásticas y Diseño. En el 2000 se gradúa en Artes Aplicadas al libro en la especialidad de Grabado y obtiene la Licenciatura en BBAA por la UGR. En el 2009 es nombrado Profesor Titular de Grabado en la Escuela de Arte de Granada, donde viene desarrollando una generosa labor con jóvenes creadores, propiciando un espacio de enorme valor creativo que merece el reconocimiento de nuestra Academia.

Miguel Ángel Moliné Baena

Maestro Fundidor, regenta con acierto desde hace años la Fundición Artística en bronce del mismo nombre, ubicada en Granada. La Academia quiere reconocer su dilatada labor con la Medalla al Mérito, por entenderla muy meritoria y vinculada con grandes escultores de casi toda España y, en particular, con los de Granada, quienes reconocen públicamente su gratitud por la colaboración, muchas veces esencial, en la realización de su obra. Todo ello es consecuencia de su generosidad y del conocimiento del siempre complejo arte de fundir y colar metales en esculturas a veces de imponentes tamaños que podemos admirar en avenidas, parques o edificios públicos de toda la geografía nacional. Asimismo es preciso subrayar la constante investigación e introducción de nuevos materiales en este campo artístico, actitud que le permite conseguir una excelente reproducción con minuciosos detalles. Por su destreza, constituye una garantía en el trabajo de cualquier escultor que sabe que, tras la operación del desmoldeo, la escultura siempre saldrá como estaba previsto.

Bartolomé Ruiz González

Es un arqueólogo español vinculado a la gestión cultural en Andalucía desde finales de los años setenta. En la actualidad, dirige el Conjunto Arqueológico de los Dólmenes de Antequera y desde 2013 es el Presidente de la Real Academia de Nobles Artes de Antequera que ayudara a refundar junto al recordado poeta y académico José Antonio Muñoz Rojas. Desde 2016, es Académico titular de la Academia Europea de las Ciencias, las Artes y las Letras, con sede en París. Desde que le fuera concedido el Premio Nacional de Urbanismo en 1980, su larga trayectoria profesional ha sido reiteradamente reconocida en los ámbitos científico y académico. La Academia de Bellas Artes de Granada quiere reconocer especialmente su gran aportación y extraordinario compromiso personal para la promoción del expediente que fue incoado por la UNESCO para la inscripción en la Lista Representativa del Patrimonio Mundial del Sitio de los Dólmenes de Antequera, declaración que finalmente tuvo lugar en 2016 fruto del trabajo conjunto de un amplio grupo de investigadores y conservadores patrimonialistas que siguieron, entre otras aportaciones científicas, las conocidas investigaciones del catedrático emérito de Historia y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Cambridge Michael Hoskin. El excelente trabajo realizado se configura como un modelo a imitar en la salvaguarda y promoción de los bienes culturales de Andalucía.

Elena Peinado Muñoz

Cursó estudios de Piano en el Conservatorio de Música Victoria Eugenia de Granada, con las máximas calificaciones, obteniendo el Premio Extraordinario en Música de Cámara. Su extensa actividad profesional la ha desempeñado en el ámbito de la enseñanza de la música mediante la creación de coros escolares y la gestión de departamentos y centros musicales. Ha sido Directora del Departamento Artístico Musical del Colegio de la Presentación de Granada hasta el año 2004 y en la actualidad es Directora de la Sociedad Cooperativa Andaluza de Enseñanzas Musicales (SCAEM) donde imparte clases de Piano y Conjunto Coral. En el año 1988 fundó el Coro del Colegio de La Presentación, hoy llamado Coro Infantil Elena Peinado. Más tarde, en el año 1996, creó el Coro Femenino Ciudad de la Alhambra y en el año 2013 funda el Coro Mixto Granata Cantat de la SCAEM. Actualmente continua desempeñando la dirección de los tres coros. Cuenta con numerosas grabaciones de sus conciertos. La Academia quiere resaltar la edición del libro conmemorativo en torno a los coros de La Presentación y Ciudad de la Alhambra. Por su dilatada e intensa colaboración con el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, le fue concedida la Medalla de Honor del Festival en el año 2003.

La corporación quiere manifestar expresamente que ha decidido en el presente curso la concesión de un mayor número de Medallas, teniendo en cuenta la especial implicación mostrada por todas las Secciones Académicas y el elevado número de propuestas que han sido presentadas al Pleno.

Todas las Medallas concedidas serán entregadas en el acto solemne de la inauguración del Curso Académico durante el próximo mes de octubre.

Granada, cuatro de junio de 2017 Jesús Mª García CalderónDirector de la RABA de Granada

Conferencia pronunciada por D. Rafael Manzano Martos

9 mayo, 2017  / Autor: RABBAA

Real Academia de Bellas Artes de Granada

Facultad de Derecho de la Universidad de Granada

Fiscalía Superior de la Comunidad Autónoma de Andalucía

Curso sobre la falsificación de bienes culturales

Luca Giordano

falsificador al servicio de la Corona Española


Rafael Manzano Martos

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Rea Academia Sevillana de Buenas Letras

Real Academia de la Historia

Granada, 16 de mayo de 2016

Nuestro querido y respetado amigo Jesús María García Calderón ha tenido la feliz idea de aunar en estas jornadas sobre la Falsificación de Bienes Culturales, las exigencias de la lucha por la legalidad que dirige, impuestas por la Fiscalía Superior de Andalucía, con los intereses artísticos que protege y cultiva la Real Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora de las Angustias que preside. Como  miembro de ella en el honrosísimo escalafón de los “correspondientes” acudo presuroso a su llamada, que además me cura nostalgias que, desde la Andalucía la Baja, la Bética, padezco de mis tierras ancestrales de la otra Andalucía, la Alta, eternamente encastillada entre sus nieves perpetuas de la Penibética, y siempre soñada.

  1. Copias, réplicas y falsificaciones

A lo largo de estas lecciones hemos podido estudiar la falsificación de bienes culturales desde muy diversos matices, en esta Ciudad, Granada, vieja capital de la falsificación de su propia historia y de la de su orígenes cristianos. Como nos ha contado con máxima precisión nuestra profesora Margarita Orfila, cuando se derriban los últimos restos de la mezquita mayor granadina, y concretamente su alminar, la llamada Torre Turpiana, para completar la gran mole catedralicia, apareció, al parecer, entre sus muros un manuscrito en un extraño alfabeto pseudo arábigo, anunciando la aparición de reliquias de la primitiva iglesia granadina. Efectivamente, en el tiempo previsto aparecieron los famosos libros plúmbeos y presuntas reliquias de los varones apostólicos Cecilio y Tesifón, superchería que dio origen a la creación de la abadía del Sacro Monte por el arzobispo don Pedro de Castro que dejó un rico legado para su construcción. Al final los libros, verdadera falsificación de nuestra historia antigua, fueron descalificados por la Santa Sede que en fecha reciente devolvió a la archidiócesis los residuos sólidos -plúmbeos- pero no exentos de interés, de tanta patraña con ellos urdida.

Hay que considerar que en todo tiempo y lugar hubo, por parte de coleccionistas, el deseo de poseer determinadas obras de arte que por ser de propiedad pública o de grandes príncipes o señores no eran accesibles a otros niveles. De ahí que a lo largo de la historia se han encargado a notables pintores, réplicas, o sea repeticiones, de determinados originales de su propia obra. A veces son simples cuadros de devoción o de carácter emblemático que tenían éxito social. En general estas réplicas se realizaban por aprendices o ayudantes de taller y en sus deficiencias tenemos hoy una vía para distinguir la obra creativa original de sus repeticiones, que en alguna ocasión ha podido ser elaborado por el propio maestro.

Zurbarán tuvo un gran taller que recibió múltiples encargos de América, pidiendo réplicas de cuadros conocidos. Es curioso que el gran pintor extremeño nunca firmó sus mejores originales, pero que, en cambio, estas réplicas de taller, con destino al Nuevo Mundo, las  firmaba para autentificarlas, avalando piezas de mucho menor calidad pictórica. El propio Rubens tenía un taller de repetición de sus obras inmortales en placas de cobre que se exportaban a todos los centros que comercializaban sus pinturas. Pero conviene distinguir entre la falsificación y la réplica y el jipismo.

La copia de cuadros de gran belleza del pasado, ha sido una práctica legítima y acreditada. Cuando en mi juventud recorría frecuentemente las salas del Museo del Prado, ante determinados cuadros famosos siempre había un pintor repitiendo de forma mimética la obra maestra, a veces con una cuadrícula sobre una fotografía. Había copistas de gran calidad, a veces especialistas en un determinado pintor o, simplemente, en un cuadro específico. Estaba rigurosamente prohibido en todos los museos del mundo reproducir la obra a la misma dimensión que el original, para impedir cualquier posterior sustitución. En cualquier caso, la copia siempre se distinguía fácilmente por la calidad moderna del lienzo y de los pigmentos, y también por la propia pincelada y técnica del copista.

Recuerdo que cuando restauré la iglesia de Santa María la Blanca de Sevilla, le planteé al entonces Director General de Bellas Artes, Florentino Pérez Embid, la conveniencia  de colocar en los dos grandes lunetos bajo la cúpula, cuajada de yeserías barrocas, sendas copias de los dos lienzos de Murillo representando El Sueño del Patricio Juan y la Fundación de Santa María Mayor por el Papa Liberio, depredados en la invasión francesa y hoy felizmente recuperados para España y conservados en el Museo de Prado.

Autorizado el correspondiente presupuesto, tuve un quid pro quod con don Diego Angulo, Director entonces del Prado, que se negaba a autorizar la copia al mismo tamaño. Yo argüía que los originales fueron enmarcados en bastidor rectangular añadiéndoles sendos lunetos con dibujos arquitectónicos sobre fondo de oro ideados por Percier y Fontaine, los arquitectos del Emperador, inventores del estilo Imperio y que, por lo tanto, no coincidían ni en formato ni en superficie con la copia a realizar y que, además, los cuadros reducidos a escala mitad, iban a quedar en su lugar de origen como “una carta con dos sellos de correos”. El Director General me dio la razón y don Diego no me lo perdonó nunca. El me aconsejó el nombre del copista que consideraba más adecuado y del que no recuerdo el nombre, que al cabo de un par de meses me llamó para que viera las copias ya terminadas. Nuca tuve un disgusto al ver que lo que yo quería que fuesen dos verdaderas falsificaciones, eran en realidad dos pésimas copias. Me tuve que quedar en Madrid bastantes días para ayudar al pintor a penetrar en la pincelada admirable del maestro. Su dibujo, sus desdibujos, las telas, los fondos, las lejanías de la procesión fundacional. Nunca aprendimos tanto de Murillo, tanto el pintor como yo, que conseguí lograr al dictado dos buenas copias que ahora en una restauración reciente han estado a punto de retirar por considerar que falsificaban el edificio. Al final, ha triunfado el sentido común, e incluso es posible que se hagan otras copias de los dos lunetos menores de los testeros de las bóvedas laterales cuyos originales están hoy fuera de España y que yo, por economía, no considerarlos necesarios para la imagen del edificio, no planteando la conveniencia de reponer copias en sus espacios originales

Por seguir con Murillo, cabría recordar la trascendencia de su obra en Sevilla a lo largo de los siglos XVIII y XIX. En aquella ciudad, hasta los románticos fueron murillistas, desde los discípulos y seguidores inmediatos al maestro. Por ello ha sido difícil deslindar la inmensa obra de Murillo, tan valorado en una época, tanto dentro como fuera de España, de la también numerosa producción de sus discípulos, cuyos perfiles poco a poco se van deslindando, superando el puro positivismo atributivo con una mayor profundidad de conocimientos, técnicas analíticas, y estudio de sus múltiples personalidades. Pero, para esta tarde, vamos a centrarnos en un caso singular:

  1. Luca Giordano en Madrid

En la historia de la falsificación de obras de arte, y muy específicamente de la Pintura, aparece como caso paradigmático el de un pintor excepcional y de singular potencia creadora, Luca Giordano, el gran pintor napolitano y español, tanto por su lugar de nacimiento, hispánico por aquellas fechas, como por su presencia y lo transcendente de su obra en nuestra patria, al servicio de la Corte tanto del último Austria, Carlos II, como del primero de los Borbones, Felipe V. Ya Felipe IV, el gran príncipe y mecenas de la pintura española, lo había intentando atraer años antes a Madrid.

Sus contemporáneos lo criticaron por su rapidez en la ejecución de sus pinturas, “fa presto” le pusieron de mote y por su capacidad de imitación de grandes maestros del pasado, habilidades que le llevaron a la falsificación de determinadas obras que él llamaba hechas “alla maniera di …” o sea al gusto o a la manera de otro artista, sin que en algunos casos sea fácil llegar a la conclusión de si están realizadas con ánimo de dolo o engaño comercial, o si son simples ejercicios de ingenio para probar su maestría y capacidad de reinvención.

Ya en su biografía escrita por su gran admirador Bernardo de Dominici en 1742, se llama repetidamente la atención sobre su extraordinaria habilidad para “contrafar de’ piu eccelenti pittorí” o  sea para imitar o falsificar a otros pintores, y  a lo largo de su obra se mencionan gran cantidad de ejemplos creados “a la maniera, ad imitacione dí, sul gusto dí, o sulle stile dí”, donde el biógrafo mezcla a veces juicios admirativos con críticas severas.

Otros escritores italianos como Carlo Celano, Camillo Sagrestani, o el abate Doni, y el español Palomino, insistieron en esta anómala casuística de su obra, y el propio Giordano en el Inventario que redactó de las obras de Van der Eynden cita algunas de sus pinturas hechas “a la maniera dello Spagnoleto” o sea nuestro José de Ribera, en cuyo taller creemos que se formó en su juventud. No resulta por ello extraño que se iniciara haciendo copias o imitaciones de su maestro como ejercicio escolar. Además estas pinturas datan de la fecha temprana en su vida de 1650. Pero tres años más tarde firmaba y fechaba “La curación del paralítico” imitando a Durero, incluyendo el conocido anagrama del alemán, dejando la duda respecto a su autoría, seguramente con el ánimo de engañar a un presunto comprador. Así lo denuncian tanto el citado Donminici con Baldinucci o Giacomo di Castro. Pero su producción de imitaciones se iba a prolongar a toda su carrera con diversidad de intenciones. Y la crítica posterior, desconcertada ante la calidad de sus falsificaciones, oscila entre las más duras  descalificaciones y las más sinceras muestras de admiración.

Precisamente su vejez iba a coincidir con la caída de la estética del barroco en la que Luca Giordano fue máximo maestro, y el triunfo del clasicismo y sus críticos neoclásicos encontraron en su mimetismo artístico una prueba rotunda de la decadencia del pintor y de su época. Tan solo Mengs, el más teórico de sus antagonistas, reconoció sin embargo la calidad de sus imitaciones. Pronto los románticos, iban a plantear el problema de la disyuntiva entre el original y la copia que, carente de creatividad, también lo era por ello de todo valor artístico. El gran fresquista italiano carecía para los románticos de “las dos grandes cualidades de un artistas: la reflexión y la dignidad”.

Nuestro siglo ha devuelto a Luca Giordano a su correcta y altísima posición en la historia de la pintura, especialmente en su último tercio. La Griseri (1961) en una obra encomiástica atribuye estas “debilidades” a la mano de un “experimentador curioso”, autor de “virtuosos divertimentos”, en situaciones en las que era inútil advertir que no se trataba de falsificaciones. Hablamos mas bien de la diversión inocente de un artista habilidoso.

Esta reacción a favor del artista iba a llegar a afirmar que en sus obras miméticas de artistas antiguos, llegaba a establecer un juego sutil con el espectador, al que suministraba suficientes pistas que permitían a los auténticos expertos adivinar al verdadero autor de la obra. Citaban el testimonio de época de Solimena, de Antonio Ponz, de Cean Bermúdez o de Guilliet, que habían sabido descubrir a Luca Giordano detrás de sus imitaciones. La misma Griseri se complace en estudiar en “La Sagrada Familia con San Juanito” de Giordano “alla maniera” de Rafael, en el Prado. Los anacronismos, el paisaje veneciano o el plegado de paños, más propios de Stanzione que de Rafael, como, si con ellos el presunto falsificador hubiera intentado dejar una huella oculta de su paternidad.

Pero es evidente que, con estas imitaciones, dejó bastantes problemas a los críticos posteriores. Sin salir de El Escorial, Ponz, opinaba del “Martirio de Santa Justina” del mismo Giordano que “en su análisis es menester discreción e inteligencia para que a uno no se le haga tragar por de Pablo Veronés”. Y ante la “Magdalena penitente” a la manera de Tiziano dudaba: “dicen ser de Jordán, pero se puede sospechar muy bien que sea de otro”.

También la critica moderna lo ha querido equiparar con Annibale Carracci, que intentó tomar de los grandes italianos del Renacimiento la gracia del Correggio, el color del Tiziano, el dibujo de Rafael, o la anatomía de Miguel Ángel, intentando fundirlas ecléctica o sincréticamente, en una escolástica que hubiera llevado a la pintura a su plena perfección.

Pero nada de eso tiene que ver con nuestro gran fresquista napolitano, que nunca fue ni un teórico ni un intelectual. Baldenucci nos lo describe como “hombre carente de literatura” que “nunca se cuidó de negarlo” y al que los muchos literatos que frecuentaban su casa, le “suministraban los pensamientos para las historias que debían pintar”.

Alguien advertía al marqués de Riccardi que iba a entrevistarse con él: “No se asombre si Giordano no le contesta, porque dudo que sepa escribir y es más fácil tener de sus manos un cuadro que dos líneas” (Marqués de Malpica)

Pero la falsificación exige una intencionalidad de engañar bien sea con fines económicos o de ascenso social o con otros torpes fines. También ante la imitación pictórica de un autor precedente caben diversas actitudes. Una sería el plagio. Otras sería la falsificación, pero también existe la posibilidad de una recreación de la obra copiada que sirve de inspiración y de emulación al artista para logar una actualización de la obra inicial que supera al modelo con el talento añadido y los avances estilísticos de su época, dando lugar a una obra nueva. Son las “variaciones sobre un tema de …” tan frecuentes en la música de los siglos XVIII, XIX y XX.

  1. Grandes obras y engaños

Al margen de estas que llamamos debilidades falsarias de nuestro artista, Luca Giordano es sin duda, con Tiépolo, el mayor y mejor fresquista que hemos tenido en España, donde dejó además lo mejor de su arte. Primero en El Escorial donde realizó la gran bóveda de la  Escalera Claustral, al dictado de fray Alonso de Talavera y del Padre los Santos, pero siempre bajo la vigilancia permanente de Carlos II. Allí mismo continuó con varios tramos de las bóvedas de la basílica, donde solo existía el gran fresco del Luqueto sobre el coro, de escasa calidad en su factura.

Luego vinieron tanto su gran bóveda con la Majestad de la Monarquía Española, en el Casón del Buen Retiro, como su obra máxima en dimensión y calidad, la cubierta de la Sacristía de la Catedral de Toledo, presidida por la Trinidad y el tema Mariológico de la Imposición de la Casulla por la Virgen a San Isidoro. Su última obra es el gran óvalo de San Antonio de los Alemanes en Madrid.

Precisamente para la primera de estas bóvedas, tuvo delante como tema de inspiración, no sabemos si hallados al azar o impuesto por los citados teólogos, o por el propio rey, un gran cuadro de aquel monasterio, hoy en el museo del Prado, encargo de Felipe II, al gran Tiziano Vecelio, donde en “la Gloria”, presidida por la Trinidad y la Virgen, Carlos V y Felipe II ofrecen su adoración al Creador entre Mártires, Santos y Profetas.

Pero por encima de la inspiración y hasta del dorado color de fondo del conjunto, la idea del Tiziano se recrea allí con espléndido barroquismo cortonesco, en una sublime y gigantesca representación de la Gloria que desde una balconada del “piano terreno” muestra el propio monarca a su madre, ya anciana y siempre con vestimenta monjíl, y a su esposa, doña Mariana de Neoburgo. Pero, desde luego, en esta obra genial ni Giordano pretende imitar el estilo del Tiziano, ni pretende el engaño, ni a través de él, el asombro o la admiración de su público, sino que triunfa plenamente como gran orquestador barroco de una composición colosal y novísima cuya inspiración de arranque fue un cuadro de Tiziano.

Cuenta de Dominici, que el príncipe de Sonnino quiso comprar un cuadro importante de Tintoretto, que en realidad era una copia de Giordano. Quiso asesorarse de su autenticidad por dos pintores, Farelli, discípulo del Vaccaro, y de Francesco de María, el mayor enemigo de Luca. Ambos avalaron la autenticidad de la obra. Cuando luego llamó al propio Giordano, éste no pudo reprimir la carcajada mientras le mostraba, oculta en la pintura, su firma, día, mes y año de ejecución, dejando burlados a sus enemigos.

El propio biógrafo cuenta la venta de un supuesto Durero, también imitación de Luca, al prior de la Cartuja napolitana de San Martino, que se había asesorado de varios expertos. Representaba a “Jesús curando a los enfermos”. Al enseñarla, orgulloso de su adquisición, a Giordano, éste le hizo ver su firma escondida detrás de la tabla. Esta anécdota, que se venía creyendo pura ficción literaria ha quedado confirmada al localizarse la tabla, con su firma oculta, en fecha reciente, en la Galería Nacional de Atenas. Pero lo que más nos sorprende de toda esta historia es que el prior acabó denunciando al pintor ante el Sacro Regio Consiglio, exigiéndole el alto precio pagado por el cuadro. El fallo a favor del artista alegaba que “tanto mayor era el mérito de haber imitado con tanta pericia el estilo de Durero, cuando mayor era la estima manifestada por el prior ante el cuadro.

Todo ello fue parte de la propaganda que lo hizo famoso. Pero también en su juventud sabemos que  con ayuda de su padre vendió falsificaciones de Bassano, del Tiziano y del Tintoretto, sus predilectos junto con Rafael, al coleccionista Gaspar Roomer y que, al final, se descubrió el engaño, teniendo que llegar a un compromiso compensatorio.

Enseñándole Carlos II la galería pictórica del Alcázar madrileño, le hizo ver un cuadro atribuido a Bassano que carecía de pareja. Giordano pidió a Venecia un lienzo viejo usado, y pinto sobre él la pareja, al estilo bassanesco, provocando la admiración de todos. Sorprende la argucia de ganarse al Rey no con una obra propia, sino con una imitación, pero sabemos por Palomino, que Carlos II, a la vuelta de Giordano de El Escorial acabó encargándole “imitaciones de pintores famosos como Rafael, Correggio, Tiziano o el Españoleto”

La copia del Bassano no ha sido identificada, pero el Prado conserva el fruto de un ejercicio de virtuosismo -no de virtud-, similar, que prueba la enorme versatilidad del artista. Se trata de una “Riña de muchachos” pintada para emparejarse con un grupo de “Niños jugando a los dados” obra original del murillista sevillano Pedro Núñez de Villavicencio, que también conserva el mismo museo. Lo más sorprendente es que Giordano realizó “la pareja a una mayor dimensión en altura seguramente por exigirlo la decoración mural del Palacio de la Zarzuela en que se iba a colocar, y luego agrandó en vertical el original para re hermanarlo con el suyo.

  1. Memoria y virtuosismo

Habilidad e ingenio, cuya calificación brindo a ustedes como delito o como capacidad extraordinaria por la imitación del estilo, pincelada, temática, vestimentas, colorido, sentido de la composición, conocimiento de las firmas, soportes, e incluso de técnicas de envejecimiento para darles el aspecto de antigüedad requerida. Súmese a todo ello como mérito, la ausencia total de libros de arte con imágenes (en estos días el Museo del Prado expone el primer libro de arte ilustrado con fotografías adheridas en algunos de sus ejemplares, editado en el siglo XIX).

Tan solo pudo disponer en muchos casos de grabados y de su portentosa memoria visual. Gracias a una copia encargada por Carlos II, de “La disputa entre los doctores del Templo” del Veronés que quería regalar su esposa, Doña Mariana de Neoburgo, al gran duque de la Toscana, y que el monarca suplantó por su copia giordanesca, no salió de España tan espléndido original que hoy guarda el Museo del Prado. [Que se haga pintar otro del mismo tamaño que ese del Veronés para que lo vea el Rey cuando esté concluido. Si le halla entonces de buen humor es posible que se consiga reemplazar uno por otro, y en el peor de los casos, se quedaría el gran duque con el cuadro de Jordán]. Es lo que sucedió.

Sabemos del apego al dinero del napolitano, que engrosó su fortuna, adquirida inicialmente con su ejercicio pictórico-, siempre ciertamente mal pagado -con otras industrias y comercios, como el tráfico y reventa de cuadros, trata de caballos, o incluso el préstamo usurario de dinero. Su propia rapidez de ejecución, en que le siguió Goya, tenía por único fin multiplicar el número de cobros con el mínimo trabajo.

Palomino nos cuenta sus inversiones en alhajas, en Madrid, hechas con gran sentido comercial, cuando compró un collar de perlas de gran valor: Porque sobre ser redondas, blancas, e iguales, eran mayores, que lo más gordos garbanzos; y le habían costado una sin suma de doblones; y dijo que a él [Giordano] le tenía más cuenta el llevar el dinero en aquellas alhajas, que no en propia especia; porque sobre ser menos el bulto, y embarazo, tenía en Italia mucho más estimación que aquí.

El Museo del Prado conserva cinco pinturas de Lucas Jordán que intenta falsificar a otros autores antiguos: tres a la manera de Rafael, que todas representan “Sagradas Familias”, y dos a la de Durero o, más bien, a la de Lucas de Leyden, su seguidor: “El beso de Judas” y “Pilatos lavándose las manos”. Todas ellas constituyen impresionantes ejercicios de imitación de maestros lejanos. Pero a una, la más significada, la “Sagrada Familia con San Juanito”, ya citada, no dudó en marcarla con la firma del gran autor de Urbino, convirtiéndola con ello en una auténtica falsificación.

Y lo mismo se repite en una obra, casi emblemática, dentro del rico patrimonio catedralicio, regalo del virrey de Nápoles y luego, arzobispo de Toledo, don Pascual de Aragón a la Catedral Primada: El” Bautizo de Cristo”, pintada por Jordán entre 1655 y 1665, o sea en su juventud, y con cuya firma de Rafael, se estafó al propio virrey que la regaló a “su catedral” creyendo se trataba de una obra original y autentica.

Todo esta lamentable vida de autentico falsificador, parece, no obstante que se reduce a su juventud italiana, y que,  en cambio en su estancia en España, donde gozó de una economía más segura, salvando las obras realizadas para Palacio por mandato de la Casa Real, no conocemos ninguna otra vinculada a la picaresca comercial del artista.

Como ha dicho Andrés de Úbeda de los Cobos, máximo conocedor de su obra en España, en el Catálogo de la gran exposición “Luca Giordano y el Casón del Buen  Retiro” (Madrid 2008) es difícil hablar, ante un artista con la capacidad creadora y la colosal obra autógrafa que nos ha legado, de un Giordano falsificador. En todo caso habría que considerarlo pecado de juventud. “Muy al contrario, ésta, (su capacidad de mimetizar a otros artistas), se había convertido en una de sus habilidades más demandadas, en uno de sus principales timbres de Gloria. En definitiva, una habilidad que afianzaba su prestigio. Podemos afirmar que el crédito actual de Giordano se consolida con los mismos elementos que sirvieron para rebajar históricamente su figura: Su rapidez de ejecución y su facilidad para imitar. Giordano fue un artista heterodoxo que se resiste a ser juzgado con los argumentos utilizados para otros artistas, y sus imitaciones son, quizás, el mejor argumento para demostrarlo”.  Quiero terminar con este juicio crítico del mejor experto español en tan gran artista, al que debemos gran parte de su actual conocimiento y valoración.