4 septiembre, 2018  / Autor: RABBAA

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Medalla de Honor al guitarrista José Romero Gallego

20 junio, 2018  / Autor: RABBAA

Real Academia de Bellas Artes de Granada

Palabras para el Acto de Entrega de la Medalla de Honor de 2018

Excelentísimas e ilustrísimas autoridades, señoras y señores académicos, señoras y señores;

en una venturosa sesión celebrada en la tarde del pasado ocho de febrero, el Pleno de la Real Academia de Bellas Artes de Granada concedió de forma unánime la Medalla de Honor al guitarrista malagueño Pepe Romero. Nuestra Academia puso de manifiesto de forma inmediata que había querido resaltar con la concesión de su más alta distinción los valores extraordinarios, no solo musicales, que concurren en la persona de José Romero Gallego, nacido en Málaga en 1944 y verdadero referente a nivel mundial de la guitarra clásica española. Hijo del legendario guitarrista y compositor Celedonio Romero, quien fuera discípulo de Joaquín Turina y rindiera con su obra uno de los más altos tributos a la música española de todos los tiempos, la vida de este genial intérprete, desde que diera su primer concierto a los siete años en el Teatro Lope de Vega de Sevilla, ha venido marcada por el mayor reconocimiento de la crítica y por el continuo agradecimiento de un público entregado y entusiasta. Afincado desde su adolescencia en Estados Unidos, ha sido y ejerce como profesor de guitarra española en varias universidades norteamericanas, habiendo recibido numerosas distinciones como merecido premio a su admirable labor.

Esta Academia de Bellas Artes, al hacer pública su decisión, también quiso recordar su profunda vinculación con nuestra ciudad, casi una forma de civil devoción secular que viene arrastrando su familia desde tiempo inmemorial. También con algunos compositores granadinos que han encontrado en sus manos la generosidad de un intérprete deslumbrante, de una luminosa figura que ha sido capaz de abrir nuevos senderos para conjugar, de forma completamente magistral y como atributo esencial de su manera de entender la música, el virtuosismo y la sencillez en una feliz conjugación que lo impulsa continuamente a la incesante búsqueda de la belleza a través de la verdad.

Creo que muchos académicos siempre fuimos conscientes de la especial importancia de este reconocimiento porque, al hacerlo, también quería rendir nuestra Corporación, en un gesto de gratitud, un sencillo homenaje añadido a su padre, Celedonio Romero, quien trasladó a sus hijos, todos ellos grandes artistas, el entusiasmo que requiere contraer un compromiso suficiente en beneficio de la música y de la cultura españolas. Todos sabemos que el nombre de Celedonio Romero está esculpido en los muros de nuestra más alta tradición musical y esta misma noche, por gentileza de su hijo, podremos disfrutar de su bellísima Suite Andaluza pero, al margen de esta reconocida epigrafía del talento, el suyo es un nombre esencial en nuestra cultura que debieran conocer los escolares de nuestro país y que tendría que estar mucho más presente en la memoria cultural de todos los granadinos, andaluces y españoles.

Quien tiene el inmenso honor de dirigirles estas palabras carece de conocimientos musicales para intentar glosar, ni siquiera de forma aproximada, las numerosas virtudes que adornan la inabarcable trayectoria profesional de nuestro guitarrista. No soy más que un sincero y agradecido admirador que he disfrutado tanto con la música que interpreta, que solo podría sostener, una vez más, mi aplauso. Pero he tenido la suerte de escuchar también sus palabras, de observar sus gestos, de atender algunas explicaciones sobre su oficio, de ver como se relaciona con los demás en sus frecuentes visitas a nuestra ciudad, de oírlo evocar anécdotas de la pequeña mitología familiar, de personalidades mundialmente famosas ante las que actuó y a las que tuvo la fortuna de tratar, de grandes intérpretes o compositores a los que llegó, incluso, en algún caso, a querer. Haber compartido alguna vez sus recuerdos me ha permitido disfrutar de una impagable experiencia que le agradezco y que me permite asegurarles que podríamos, sin temor a incurrir en exageración alguna, aplicar a Pepe Romero aquella frase memorable que el gran Thomas Sterms Eliot aplicó a su amigo Igor Stravinski cuando, cuando después de una extensa charla recordándolo, le comentó al poeta Iorgos Seferis, que el genial compositor ruso era tan sumamente inteligente que carecía de vanidad.

Hemos recordado a su padre, pero podríamos recordar a sus hermanos y sobrinos, todos ellos grandes artistas, que han ido integrando, en su compañía, el cuarteto de guitarra española Los Romeros, una invención familiar que puede considerarse un hito en los anales de la interpretación musical. Y podríamos seguir con sus hijos y con sus nietos siempre vinculados, de un modo u otro, con la pasión por la música y la guitarra.

Dicen que la mejor madera para construir una guitarra es justamente la de aquel árbol, normalmente un ciprés, que más ha sufrido. Esta madera tiene sus anillos más estrechos y ha sentido con una cruel firmeza la falta de agua clara y abundante. El espíritu de Pepe Romero, paradójicamente, quizá para equilibrar su profunda unión con la guitarra, opera de una manera completamente inversa. Su vida es una vida de sacrificio pero llena de plenitud y satisfacciones, de éxito y del sincero aprecio y cariño de quienes le admiran y rodean. Soy la rama de un árbol, nos ha dicho, que es mi familia. Donde yo estoy, están mis padres, mis hijos, mis hermanos o mis sobrinos, todos juntos celebrando el goce de la música. Esta bellísima percepción es propia de quien recorre el mundo en un paciente tránsito de ida y vuelta que dulcifica el carácter. Se trata de una costumbre familiar que le viene de lejos. Su padre nació en Cuba porque su abuelo acudió a la ciudad de Cienfuegos con el encargo de construir, como arquitecto, uno de los más bellos edificios de la isla, el imponente Teatro Thomas Terry. Las vicisitudes de la fortuna y alguna tragedia familiar, determinaron que a los cinco años Celedonio Romero volviera hasta los Montes de Málaga para vivir y acabar encontrando, siendo casi un niño, a una mujer excepcional, Angelita Gallego, que se convertiría en su esposa. Es en este ir y venir de la familia cruzando venturosamente el océano donde quizá nace esa vocación de unidad, de persistencia, la conciencia de pertenecer a un árbol familiar que solo arraiga en el campo invisible del tiempo y de hacer de la nostalgia una sana costumbre que enriquece al alma en sus viajes terrenales. El árbol al que se refiere nuestro artista es el hogar y allí se baten las grandes batallas de la vida, allí están los cimientos del ser.

Un día, quizá a comienzos de los cincuenta del siglo pasado, Angelita Gallego le dijo a su hijo Pepe, quien acababa de cumplir siete años y no acudiría a la escuela hasta cumplidos los trece, que iba a continuar su esmerada educación enseñándole ortografía y que para ello harían cada día un dictado que luego corregirían y podrían comentar. Le compró unos cuadernos escolares y comenzó con el primer dictado. En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme … Y así, entre dictado y comentario, Pepe Romero estuvo escribiendo El Quijote hasta los doce o trece años y ello me permite considerar que ha sido este, entre todos sus méritos, el que nunca se le ha reconocido:  Probablemente, junto a Miguel de Cervantes, Pepe Romero es la única persona en el mundo que ha escrito El Quijote para comprender nuestro idioma. Lo que más me impresiona de esta deliciosa anécdota familiar no solo es la tenacidad y el amor por la literatura que transmite su madre, sino la docilidad del niño, su bondad, su ingenua paciencia, el cariño que rezuma toda esa andadura lenta y jugosa por el universo amargo que construyó la lucidez perdida del ingenioso hidalgo Alonso Quijano el bueno.

Esta y otras experiencias esenciales de Pepe Romero nos vuelven a demostrar que, como suelo repetir, el tiempo es circular. Tendemos a creer que el tiempo es un camino, una línea recta que nos lleva de un sitio a otro, que sube o que baja siendo el mismo como nos enseñó Heráclito. Pero no es así. El tiempo es un círculo invisible. Un círculo que, al cerrarse, se desprende del mundo para alcanzar la eternidad. Cada paso de nuestra vida nos aproxima y nos aleja a la vez del principio del que partimos y al que debemos, más tarde o más temprano, volver. Como nos recordó el mejor poeta del siglo XX, en mi principio está mi fin y en mi fin está mi principio. Ese círculo de vida, ese tiempo circular volverá a emerger esta noche en varias ocasiones cuando interprete nuestro invitado la música de su padre y lo haga en una guitarra construida por su hijo y por su nieto, lutieres referenciales en todo el mundo que cierran ese círculo mágico que lo envuelve en el acto, secreto y compartido a la vez, de hacerse música con el público que lo escucha, no de hacer música junto al público o para el público que tanto lo admira, sino con el público que sostiene el silencio.

Dicen que la música de otro gran maestro, de otro gran guitarrista y compositor, Leo Brouwer, necesita de un largo silencio cuando se acaba de oír. Con la música de Pepe Romero ocurre algo parecido porque antes de iniciarse, parece que necesitara encontrar el silencio. Encontrarlo para que reciba el aliento necesario y pueda nacer, medirse entre nosotros y volver finalmente hasta él mismo silencio del que partió. Solo los elegidos son capaces de comprender la importancia y el sentido del silencio en cualquier acto creativo del ingenio humano. Hoy tenemos la suerte de compartir esta velada con un espíritu que puede atisbar esa fuerza y esa misteriosa energía. No es esta una forma de hablar. El gran compositor Lorenzo Palomo ha dicho que escribió su maravillosa suite Nocturnos de Andalucía para el mejor guitarrista del mundo, para Pepe Romero y añadió que el sonido que brota de sus manos parece terciopelo.

Disfrutemos de su música y agradezcámosle públicamente que haya tenido la gentileza de aceptar nuestra Medalla de Honor y de traer su guitarra para compartirla con nosotros. Muchas gracias.

Granada, 18 de junio de 2018

Jesús Mª García Calderón

Director de la RABA de Granada


Real Academia de Bellas Artes de Granada

Agradecimiento en el Acto de Entrega de la Medalla de Honor de 2018

Excelentísimo Sr. Director, dignísimas autoridades, señoras y señores académicos, señoras y señores;

Permítanme que agradezca de todo corazón y en primer lugar, la concesión de esta Medalla de Honor que ya forma parte de mi más íntimo equipaje sentimental. Dicha esta verdad, hoy les quiero hablar, solo un poco, de mi infancia, del principio de mi vocación y de mi amor por la Música y la Guitarra. Nací en Málaga en 1944. Mis padres, Celedonio y Angelita, ya habían tenido a mi hermano Celín, nacido en 1936. Mi padre era ya un gran músico y guitarrista, mi madre una gran amante de la literatura y mi hermano Celín otro extraordinario guitarrista. En 1946 nació mi hermano Ángel, también guitarrista. Mis primeros recuerdos me llevan hasta la hermosísima Música que salía de la guitarra y las manos de mi padre y ver que mi hermano Celín también tocaba ya maravillosamente. Me fascinaba ver las clases de solfeo que mi padre le daba a Celín y sus palabras: Celincito, hay que medir el tiempo.

Cuando yo tenía unos 3 años, una tarde sentí gran dolor en mi espalda y caderas y quedé imposibilitado para andar. El médico de la familia me diagnosticó una poliomielitis. Doy gracias a Dios por este episodio en mi vida, pues lo que recuerdo ahora es el alivio que sentí escuchando a mi padre tocar y cómo preguntaba mi opinión acerca de si me gustaba más una frase tocada de una manera ó de otra. Una digitación en una cuerda o la misma frase en otra cuerda. De esta forma, sin que yo lo supiera, me estaba enseñando la magia y el embrujo de la Guitarra. Mi madre me contaba cuentos usando su gran conocimiento literario y mi hermano Celín me entretenía con toda la dulzura del mundo. No recuerdo cuanto duró esta etapa, pero tal como vino se fue. Quedé totalmente sano.

Esta memoria de amor y Música que recibí desde niño ha permanecido en mí durante toda mi vida. Desde entonces fui guiado por la Música y la magia que salía de la guitarra de mi padre con ese amor que brotaba de su alma y se encendía en sus manos.  Esto fue y sigue siendo la luz que me guía por el gran laberinto del arte. Todo lo que he podido lograr en mi carrera de músico y guitarrista, ha sido el resultado de muchísimas circunstancias maravillosas que han bendecido y han guiado mi alma.

Mi madre me enseñó a amar la literatura y comprender la fuerza y grandeza de la palabra. La vida es sueño y Don Quijote de la Mancha impactaron mi vida marcando mi deseo de comprender tres misterios: Lo que es la vida, la Música y la Guitarra. Después de muchos años pienso y siento que todo es amor. Recuerdo que cuando tenía 7 años toqué mi primer recital junto con mi padre. Recuerdo que estudié con él Granada de Albéniz, el Capricho Árabe y Recuerdos de la Alhambra de Tárrega y que el tocó Torre Bermeja de Albéniz. Estas músicas tenían para mí algo muy especial. Por esa misma época leí Los orientales de José Zorrilla; Corriendo van por la vega, A las puertas de Granada y Dueña de la negra toca. Después vine por primera vez a Granada y sentí una verdadera explosión de sentimientos. Cuando vi La Alhambra también sentí una inmensa admiración por todos aquellos compositores y poetas que supieron capturar con su arte la magia y misterio de esta ciudad. Esto me hizo ver todo lo que mi padre transmitía a través de estas obras, comprobar la magia que guardaba su guitarra para conseguir que los públicos de otras tierras sintieran y vivieran ese mismo misterio. Y quedé enamorado de Granada para siempre.

Nuestra casas, primero en Málaga y después en Sevilla, eran siempre frecuentadas por muchos amigos. Grandes pintores, escritores, poetas, intérpretes de diversos instrumentos, cantantes o compositores nos visitaban asiduamente y con todos ellos pude compartir y disfrutar la inmensidad de la Música. No puedo olvidar a mis hermanos, con quienes comparto la pasión por la guitarra y la creación de nuestro cuarteto de guitarras. Y naturalmente, mis sobrinos con los que el año que viene celebraremos 60 años desde el nacimiento del Cuarteto de Guitarras Los Romero. Además, mi hijo Pepe y mi nieto Bernardo han incrementado esta pasión familiar por la Guitarra, convirtiéndose en sublimes guitarreros.

Siempre recuerdo a mi padre hablar de las ondas sonoras. En su última conversación conmigo, poco antes de morir, me dijo: Cuando tú naciste yo te recibí con mi guitarra y fueron las ondas sonoras llenas de amor las que arroparon tu cuerpo y tu llegada a este mundo. Esta noche quiero que sean las tuyas las que acompañen a mi alma a subir al cielo. Allí en las estrellas os estaré esperando para seguir tocando juntos, siempre tocando. Mientras estrechaba mi mano, fundidos en un abrazo, con su último aliento, dijo casi inaudible: La guitarra. Así lo hice y después, junto a su cuerpo, mis hermanos, sus nietos y yo tocamos durante largo tiempo.

La descripción de mi padre sobre la Música como ondas sonoras y sus palabras hay que medir el tiempo, causaron en mí una impresión muy fuerte y han sido una constante fuente de meditación sobre la Música como una manifestación de la creación y la vida. La Música es la unión de los sonidos con el tiempo. Sonido que sale del silencio y tiempo que brota de la vida desde que el sonido rompe el silencio y se disuelve otra vez en el. El sonido y el tiempo son la materialización del silencio y la eternidad, lo que no tiene principio ni fin, pero que perduran en la inmortalidad.

En la búsqueda de servir a la Música, he encontrado la fuerza de trabajar con afán e inagotable energía. Mi creencia que Dios no nos pone retos sin tener a nuestro alcance la solución de ellos me ha dotado con la paciencia que tan necesaria es para poder superarse. En la búsqueda del virtuosismo , no olvidemos que hay que ponerlo al servicio de la Música para que abra los caminos y la Música fluya a través del intérprete. El virtuosismo como fin propio sólo multiplica nuestro egoísmo. Quiero despedirme con un breve consejo a los jóvenes artistas: la intención del artista es más importante que el resultado. La mía ha sido siempre glorificar a Dios y dar consuelo y alegría a la humanidad.

Muchas gracias.

José Romero Gallego, Pepe Romero

Granada, 18 de junio de 2018.


GALERÍA DE IMÁGENES

12 junio, 2018  / Autor: RABBAA

LA REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE GRANADA
DE NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS

Tiene el honor de invitarle a la sesión pública que se celebrará
el próximo 18 de junio de 2018, a las ocho de la tarde, en la
Sala de Cámara B del Auditorio Manuel de Falla para la entrega de la
MEDALLA DE HONOR
concedida en el pasado ejercicio por esta Real Corporación al guitarrista
JOSÉ ROMERO GALLEGO

Conforme al siguiente
ORDEN DEL ACTO
Lectura del Acta de Concesión por el Sr. Secretario General
Intervención del excelentísimo señor Director don
JESÚS Mª GARCÍA CALDERÓN

Entrega de la Medalla de Honor y Diploma
Intervención del excelentísimo señor don
JOSÉ ROMERO GALLEGO

OFRENDA MUSICAL
Clausura
Duración estimada del acto: Una hora
Asistencia al estrado: Traje oscuro y medalla

PROGRAMA DE LA OFRENDA MUSICAL


JOSÉ ROMERO GALLEGO, GUITARRA
ORFILIA SÁIZ VEGA, VIOLONCELLO*
ÁNGEL BARRIOS (1882-1964)
Evocación, tonadilla
ENRIQUE GRANADOS (1867-1916)
Danza española nº 5, Andaluza
(trans. José Romero)
JOAQUÍN MALATS (1872-1912)
Serenata española
(trans. Celedonio Romero)
FRANCISCO TÁRREGA (1852-1909)
Capricho árabe

JOAQUÍN TURINA (1882-1949)
Fantasía sevillana

ENRIQUE GRANADOS (1867-1916)*
Intermezzo de Goyescas
(trans. José Romero)
CELEDONIO ROMERO (1913-1996)
Suite andaluza
Alegría – Zapateado – Fantasía

11 junio, 2018  / Autor: RABBAA

Real Academia de Bellas Artes de Granada

Medallas a las Bellas Artes y Medallas al Mérito de 2018

Las Medallas a las Bellas Artes fueron creadas para premiar a las personas e instituciones que den testimonio sobresaliente en la promoción, difusión, investigación, desarrollo y defensa de las Bellas Artes en cualquiera de sus manifestaciones. En cuanto a las Medallas al Mérito son un reconocimiento para artistas, asociaciones y entidades, al mismo tiempo que pretenden estimular su labor creativa y social, difusora y para la defensa del Patrimonio Histórico Material o Inmaterial.

En Junta General Extraordinaria, celebrada el pasado siete de junio en el Palacio de La Madraza, la Real Academia de Bellas Artes de Granada ha concedido las siguientes Medallas a las Bellas Artes y al Mérito.

Medallas a las Bellas Artes

Ángeles Agrela Romero

Nacida en Úbeda en 1966, es Licenciada en Bellas Artes por la Facultad Alonso Cano de Granada, ampliando sus estudios en Nápoles, en La Habana con una Beca Manuel Rivera y en 2007 en el Centro Glogauer de Berlín. Su primera exposición individual tuvo lugar en 1994, en el Palacio de los Condes de Gabia de nuestra ciudad, desarrollando posteriormente una amplísima labor como pintora y exponiendo su obra en ciudades españolas como Marbella, Alicante, Murcia, Melilla, Gijón, Jerez de la Frontera, Cádiz, Algeciras, Vigo, Santander, Alicante, Bilbao, Jaén, Las Palmas de Gran Canaria, Sevilla, Madrid o Barcelona. Ha realizado igualmente exposiciones individuales en los Países Bajos, Grecia o Francia. Lo mismo cabría señalar de su numerosísima presencia en muestras colectivas, algunas de una extraordinaria repercusión artística o realizadas fuera de nuestras fronteras en ciudades como Manila, Praga, Turín, Basilea, Viena, Atenas, Ciudad de Méjico, la isla de Cerdeña, La Habana, Miami, Santo Domingo o en la sede del Instituto Cervantes de Rabat, Shanghai o Pekín, así como en la centenaria Real Academia de España en Roma.

Becada desde 1989 por distintas instituciones, destacan su estancias en la Academia de Bellas Artes de Nápoles o en el Instituto Superior de Arte de La Habana. Cuenta en su haber artístico con premios tan elocuentes como una Mención de Honor en el Concurso de Dibujo Gregorio Prieto, el Premio BMW de pintura (2015) o el Premio Focus Abengoa (2018). Su obra se encuentra presente en colecciones o museos de gran prestigio como el CAC de Málaga, Centro de Arte Contemporáneo de Sevilla, la Colección BMW, la Colección L´Oreal o la Biblioteca Nacional de España.

La Real Academia quiere premiar con esta Medalla el altísimo nivel de su obra y una brillante trayectoria artística marcada por una fuerte personalidad, la búsqueda de un sabio artificio, la audacia temática, su complicidad con el espectador y el virtuoso dominio de diversas técnicas; circunstancias todas ellas muy significativas que, al margen de otros muchos valores, la convierten en una artista esencial de nuestro tiempo. para la ciudad de Granada y su entorno.

Ricardo Gallén García

Nacido en Linares en 1972, es uno de los más destacados guitarristas clásicos de nuestro tiempo. Su labor ha sido elogiada en todo el mundo. Ha grabado cinco discos para el sello Naxos, interpretando música de Giuliani, Joaquín Rodrigo, Regondi o Takemitsu. Ha sido elegido por compositores como Tomás Villajos, Ernesto Halffter y Joaquín Clerch para estrenar sus obras y suma una interminable lista de premios en los concursos internacionales de guitarra de un mayor prestigio, entre los que se cuentan, sin ánimo exhaustivo, Paco Marín (1997), Alhambra (1998), Andrés Segovia (La Herradura) o el Certamen Internacional Francisco Tárrega (1999).

Con solo cuatro años aprendió los primeros  acordes de su padre. La vocación precoz la depuró con décadas de estudio en los conservatorios de Linares, Córdoba, Madrid y Granada, conducido por profesores como Miguel Barberá, Demetrio Ballesteros y Carmelo Martínez. Prosiguió el aprendizaje de guitarra y música antigua en Austria y de guitarra y música antigua en Austria y Alemania, hasta graduarse en la Meisterklasse (Clase de Maestros) de la Hochschule für Musik de Munich, de la mano del gran guitarrista cubano Joaquín Clerch en 1999. Su relación con este afamado compositor le permitió indagar y admirar profundamente la música de la isla caribeña, con una especial atención a la figura del Maestro Leo Brouwer. Aún se recuerda en La Habana cuando, en la edición de 2002, Ricardo Gallén se alzó con el primer premio y con cinco premios especiales del Concurso Internacional de Guitarra, celebrado en esta ciudad.  Actualmente imparte clases magistrales en España, Austria, Alemania, Polonia, Israel, USA, Chile, Líbano o Portugal. Ha colaborado como profesor en el Master de guitarra impartido por la Universidad de Extremadura y, desde 2009, es contratado como profesor de guitarra en la Hochschule für Musik Franz Liszt en Weimar.

Con la concesión de esta merecidísima Medalla, la Real Academia de Bellas Artes  quiere recordar el elenco de grandes directores e intérpretes de su generación que han cursado estudios musicales en nuestra ciudad y permiten albergar la esperanza de que sirvan de modelo para que otros jóvenes con talento emprendan el camino del éxito y la entrega a la mayor excelencia en la interpretación o composición musical.

Ricardo García  Hernández

Nacido en Granada en 1963, es Licenciado en Bellas Artes por la Facultad Alonso Cano, desarrollando en nuestra ciudad la mayor parte de su obra, con algunas estancias en París y Londres a finales de los años noventa. Durante más de dos décadas simultaneó con la docencia el ejercicio del arte, al que se dedica en la actualidad en exclusiva, con incursiones frecuentes en el diseño gráfico y brillantes colaboraciones con relevantes artistas de otras disciplinas. En particular, su obra se ha ido enlazando cada vez más con la poesía o la música contemporánea, a medida que su trabajo profundiza en las claves compositivas del color, el ritmo o el tiempo, procesos naturales en cualquier disciplina creativa. En cualquier caso, la pintura vertebra toda su producción artística, junto al dibujo, la fotografía, el grabado y las instalaciones de variados formatos.

Desarrolla la parte fundamental de su obra en extensas series temáticas llevado por un afán de conocimiento e indagación. El camino elegido para ello es el estudio compositivo o estructura de la obra de arte, no solo como una estética determinada sino como un conjunto ético que trasciende desde su dimensión puramente material. En su discurso creativo alternan lo objetivo y lo subjetivo, lo racional y lo casual, lo buscado de propósito y lo encontrado azarosamente. Partiendo de una pintura que apelaba en sus inicios a recursos gestuales y cromáticos más líricos, con un sustento muy ligado al constructivismo, su lenguaje ha evolucionado ahondando en análisis formales y significativos que derivan con naturalidad en planteamientos más esencialistas, en los que la contención expresiva deja filtrar una intensa veta poética. Su obra, de innegable calidad, está presente en colecciones públicas de la Junta de Andalucía, la Universidad de Granada o la Diputación Provincial, además de distintas colecciones privadas españolas, europeas y americanas.

Ahora, cuando han transcurrido desde su primera exposición en el Palacio de los Condes de Gabia de Granada, más de veinticinco años y acreditan su sólida trayectoria artística hasta una veintena de exposiciones individuales en ciudades andaluzas y europeas, así como numerosas muestras colectivas, esta Real Academia quiere premiar un esfuerzo modélico en el compromiso permanente adquirido con el arte, con su comprensión y con la búsqueda de un sustrato común entre sus diversas manifestaciones, la búsqueda honesta de un firme propósito que permite al artista, a veces en situaciones de franca adversidad, comprender mejor el verdadero sentido de su labor y encontrar nuevos caminos para elevar la creatividad y dotarla de una necesaria función social.

Medallas al Mérito

Blas Calero Ramos

Licenciado en Bellas Artes en la especialidad de Conservación y Restauración de Bienes de Interés Cultural por la Universidad de Sevilla, desde 1990 ha desarrollado una amplia labor docente. Experto al servicio de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) colaboró entre los años 1991 y 1993 en el proyecto de restauración de La Isabela, fundación colombina en la República Dominicana de un inmenso valor histórico. Ha dirigido Escuelas Taller o Casas de Oficios, dependientes del INEM, promoviendo enseñanzas u oficios necesarios para la conservación del Patrimonio Cultural. Desde 1998 es profesor de Dibujo Artístico, incorporándose en 2008 a la Escuela de Arte de Granada. Vinculado con los departamentos de Extensión Cultural y Promoción Artística y de Orientación, Formación, Evaluación e Innovación Educativa ha coordinado en este centro diferentes grupos de trabajo y proyectos de innovación para distintas modalidades de enseñanzas artísticas. La Real Academia de Bellas Artes ha querido expresar su reconocimiento público por el esfuerzo desarrollado a lo largo de una extensa vida profesional comprometida con la enseñanza de las Bellas Artes, así como su trabajo para implantar, con carácter definitivo, las Enseñanzas Artísticas Superiores de Diseño, creando las Escuelas de Arte Superiores de Diseño de Andalucía. En la actualidad, Blas Calero Ramos es el Director de la Escuela de Arte de Granada.

Concurso de Piano Marisa Montiel

El Concurso de Piano Marisa Montiel surge en el año 1978 en Linares, coincidiendo con la promulgación de la Constitución Española y la transición política hacia la democracia. Formaría parte de una especie de transición cultural vertebrando las inquietudes artísticas de los ciudadanos comprometidos con el arte y su función social. Nace por iniciativa de la pianista Marisa Montiel junto a los empresarios que regentaban el establecimiento Real Musical. Inicialmente fue planteado como una convocatoria provincial, alcanzando paulatinamente una mayor importancia y entidad hasta el nivel de nuestros días. Se creó para estimular a niños y jóvenes con talento para la interpretación del piano y premia el esfuerzo y la tenacidad de cuantos inician los estudios de música para incentivarlos a perseverar en su vocación. Fue pionero de cuantos se celebran en España para los niveles infantil y juvenil. Con el paso del tiempo, ha ampliado su atención alcanzando a los concertistas noveles hasta los 23 años. Esta abierto a la participación de estudiantes de piano nacionales o extranjeros residentes en España.

Las sedes en que se han celebrado las distintas convocatorias han permitido divulgar el patrimonio monumental de Linares y dar a conocer distintos equipamientos culturales de la ciudad como el Patio de Cristales del Ayuntamiento, la Casa de la Cultura, el Conservatorio de Música, el Hotel Aníbal, el Museo Arqueológico y el Museo Andrés Segovia. A lo largo de su trayectoria ha recibido innumerables muestras de apoyo institucional y personal de destacadas personalidades que lo han considerado cantera de intérpretes a nivel nacional estimando que contribuye a difundir la cultura musical entre los aficionados y a promocionar la ciudad de Linares. Este Concurso está plenamente consolidado, tanto en lo artístico como en lo organizativo, tiene una amplia repercusión entre pianistas noveles de toda España y responde a su objetivo pues los premiados de todas las ediciones han continuado con energía sus carreras profesionales. La mayor parte de ellos, dedicados a la enseñanza en los conservatorios de toda España y otros desempeñando su trabajo en prestigiosos centros musicales europeos y americanos y alternando su actividad docente con conciertos, recitales o grabaciones. Entre los pianistas que fueron premiados sobresalen, entre otros, Javier Perianes y Juan Pérez Floristán.

El Concurso cuenta con una amplia cobertura en los medios de comunicación y una notable repercusión pública, destacándose de forma habitual el alto nivel de los participantes y el prestigio de los jurados. Toda esta labor se lleva a cabo con muy pocos recursos, aunque siempre acompañada de un gran esfuerzo, entusiasmo, tenacidad e ilusión.  Por esta razón, la concesión de la Medalla al Mérito vendría a reconocer públicamente el esfuerzo que supone mantener durante tantos años la organización de un acontecimiento que ha sabido poner su atención en el talento artístico de la juventud, asegurando el futuro de la cultura musical de nuestro país.

Juan Manuel Segura Bueno y Francisco Jiménez Rodríguez

Con una admirable tenacidad, un elevado compromiso y una completa fascinación por el arte y su importancia en nuestra vida social, sin apoyo institucional alguno y superando toda clase de dificultades, Juan Manuel Segura Bueno y Francisco Jiménez Rodríguez han sido capaces de atesorar, acaso con la ayuda desinteresada de algunos pocos amigos, por su variedad temática y extensión temporal, en término generales, la más preciada colección de arte granadino que pueda verse en la actualidad. Lo han hecho, además, en el emblemático barrio del Bajo Albaicín y en un espacio, la Casa Ajsaris, reconstruida igualmente con un notabilísimo esfuerzo, especialmente propicio para este recorrido fascinante por la asombrosa creatividad artística vinculada con el devenir de nuestra ciudad en los últimos siglos. En un espacio histórico tan maltratado por el expolio y por la errónea gestión del Patrimonio Cultural como Granada, esta colección, forjada en el último cuarto del siglo XX y catalogada en 2017, ha podido salvar milagrosamente obras de un inmenso valor y permitir que permanezcan entre nosotros y podamos disfrutarlas en la misma encrucijada en la que fueron concebidas.

Muy brevemente, para abocetar en unas líneas el contenido de esta colección, podríamos recordar las interesantes muestras del barroco que posee, con piezas admirables de Bocanegra, Risueño, Pedro y Alonso de Mena, Pablo de Rojas o Juan de Sevilla. Igualmente destacarían diversos exponentes de la llamada Escuela de Mariano Fortuny, con valiosas piezas de Isidoro y Enrique Marín, Tomás Martín, Agrasot, Gómez Moreno, Ruiz Morales, Ruiz Guerrero o Juan Bautista Guzmán. Por último, los abundantes exponentes del siglo XX resultan ciertamente abrumadores con obras referenciales de López Mezquita, Rodríguez Acosta y Morcillo, junto a otros grandes maestros como José Larrocha, Gómez Mir, Bertuchi, Muñoz Lucena, Soria Aedo, los hermanos Carazo, Apperley y todo un elenco de artistas cautivados por nuestra ciudad y su inolvidable paisaje.

Con este público reconocimiento, la Real Academia de Bellas Artes de Granada quiere premiar un esfuerzo completamente admirable y recordar la necesidad de que este impagable legado tenga, mediante alguna de las formas habituales de mecenazgo público, el tratamiento que merece, reconociendo todo su valor y promoviendo su conocimiento y disfrute por todos los ciudadanos.

Todas las Medallas concedidas serán entregadas en el acto público y solemne de la inauguración del Curso Académico durante el próximo mes de octubre.

Granada, once de junio de 2018

Jesús Mª García Calderón

Director de la RABA de Granada